18 de junio 2012 - 00:00

País blue

El kirchnerismo instauró el método de los mundos paralelos: a los núcleos formales, legitimados o no, les contrapone versiones propias, críticas de las «institucionales». Ocurrió en estas horas con la FUA: decidió no participar del congreso de elecciones de autoridades y creó su propia FUA.

Por volumen de representados y validez legal, a simple vista la FUA K aparece como una FUA blue. Es una discusión política que no puede ni siquiera saldarse en tribunales, pero que tiene un soporte previo: el kirchnerismo formó parte, hasta el sábado, de la institucionalidad de la FUA oficial.

El mecanismo se volvió un recurso habitual. La interna en la CTA entre Hugo Yasky y Pablo Micheli terminó en una ruptura de la central luego de una elección en la que cada uno mostró un escrutinio propio. Yasky consiguió una validación legal, pero Micheli siguió por su lado y tiene su CTA blue.

Con la CGT puede ocurrir, en pocas semanas, algo parecido. Todo está encaminado para que el Ministerio de Trabajo desarme el dispositivo electoral de Hugo Moyano para darle entidad a un congreso paralelo convocado por sectores pro K y antimoyanistas.

Según esa hoja de ruta, Moyano desafiará las resoluciones administrativas y se quedará con una CGT propia que muy probablemente, desde el aspecto técnico, se convierta en una CGT blue.

Postales de un país blue donde hay, además, dos -o más- mediciones de inflación (la del INDEC y la de los privados) y, para empezar, conviven dos cotizaciones de dólar: el oficial, inaccesible, y el paralelo, o blue, cuya comercialización es ilegal.

Hasta el peronismo tiene sus ribetes blue. En mayo, el Consejo del PJ prorrogó, de facto, sus mandatos hasta marzo de 2013, aunque terminaron el pasado 8 de junio. En el PJ bonaerense siguen sin tratar la renuncia de Moyano a la jefatura del partido. Legalmente, todavía lo preside un dirigente que no desistió de presidirlo

Pablo Ibáñez

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