2 de septiembre 2013 - 00:00

Para ahorristas: balas desde Europa y EE.UU.

Angela Merkel
Angela Merkel
Si bien el argot de Wall Street sostiene que agosto es un mes malo para hacer grandes cambios en las estrategias de inversión, por lo visto no muchos esperaron a septiembre para reestructurar sus carteras. Así Wall Street tuvo en agosto su peor mes desde mayo de 2012. Hoy será feriado en Wall Street por el Día del Trabajador pero septiembre arranca jaqueado por las posibles decisiones en torno al conflicto sirio a lo que se suma además la crisis política en Italia entre el primer ministro Enrico Letta y su socio Silvio Berlusconi. Además en Europa llegarán esta semana datos de la economía de agosto y en EE.UU. se conocerá el libro Beige de la Fed el miércoles, y el viernes el informe de empleo de agosto.

En tal sentido ya se perfilan cuatro fechas y eventos claves que los inversores deberán tener en cuenta este mes, muchos de los cuales tienen un alto ingrediente político que elevarán el nivel de incertidumbre y volatilidad.

5 de septiembre:
el Banco Central Europeo regresa de las vacaciones para celebrar su reunión mensual en la que decidirá sobre las tasas de interés y su política monetaria. También habrá cónclaves en el Banco de Inglaterra y en el del Japón.

9 de septiembre: comienza el proceso político en Estados Unidos que incluirá batallas sobre las medidas necesarias para mantener el Gobierno funcionando y evitar el default, que puede incomodar al mercado. Los políticos retomarán el protagonismo con una intensa agenda que incluye negociaciones sobre el techo de deuda, el gasto público, inmigración, impuestos, reformas y qué va a hacer la Fed sobre la posibilidad de reducir sus compras de activos y en qué medida. Los inversores ya se han acostumbrado a la retórica sin sentido de Washington, pero habrá una larga lucha, y un impasse que podría afectar de nuevo a los mercados y a la confianza de los consumidores. Hay que recordar lo ocurrido a fines de 2012, cuando el "fiscal cliff" frenó el rally bursátil.

18 de septiembre: será la segunda jornada de la reunión de dos días de la Fed en la que, supuestamente según descuenta el mercado, se anunciará la reducción en la compra de activos. Poco se puede hacer en este punto, más que "esperar y ver" efectivamente qué hace la Fed. Esta fecha, no obstante, cobra aún más relevancia porque muchos creen que será tras la reunión de la Fed de septiembre, cuando Obama anuncie al sucesor de Bernanke. Sin embargo, hay que poner algunas fichas apostando a que Obama postergue la decisión a la segunda mitad de octubre o principios de noviembre, una vez que ya se haya firmado el aumento del techo de la deuda (debt ceiling).

22 de setiembre: se trata de la jornada electoral en Alemania. Son unos comicios esperados y ansiados pero también temidos. Esperados porque de quien gobierne Berlín depende gran parte de las decisiones que se tomen en Bruselas, lo cual no es ningún secreto. Temidos por si resultan en un apoyo popular creciente a los partidos menos pro europeos; y ansiados para los que creen que la descontada reelección de Angela Merkel relajará su férrea postura pro austeridad, ya que no tendrá en el horizonte comicios con electores cansados, según ellos, de ayudar a vecinos despilfarradores. Claro que si debido al nuevo sistema de representación proporcional, Merkel no logra un porcentaje suficiente para alcanzar la mayoría parlamentaria (del 46%) la canciller tendrá que buscar una gran coalición con partidos como los verdes que podrían exigirle un cambio en su estrategia contra la crisis de la zona euro, menos enfocada hacia los recortes. Además, si bien Merkel parece dirigirse hacia una victoria probable los responsables políticos de la eurozona se enfrentan a una agenda apretada, con una gran cantidad de iniciativas nacionales y regionales a la espera de ser puestas en marcha, lo que deja una situación bastante incierta.

30 de septiembre: vence el plazo del actual presupuesto de Estados Unidos, lo que podría provocar el estrangulamiento de la principal economía del mundo. Lo más habitual es que demócratas y republicanos acuerden antes una prolongación de las cuentas públicas.

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