Para cazadores de rarezas: la “Utopía” de Gilbert y Sullivan

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Sir Arthur Sullivan, el compositor inglés asociado inmediatamente al libretista Sir William Schwenck Gilbert, con el que creó las más célebres operetas británicas, volverá a los escenarios porteños de la mano de Lírica Lado B, compañía independiente dedicada a producir rarezas del género lírico. La obra, que subirá a escena los sábados a las 21, a partir del próximo y hasta el 24 de noviembre en la Sala de Representantes de la Manzana de las Luces, es «Utopia Limited, or The Flowers of Progress», una de las operetas de la dupla británica, en calidad de estreno argentino, con dirección escénica de Diego Rodríguez, dirección musical de Camilo Santostefano, un elenco de 17 solistas, coro y orquesta. Dialogamos con los responsables de esta producción:

Periodista: ¿Por qué eligieron esta obra y a estos autores?

Camilo Santostefano: Anteriormente habíamos hecho obras del siglo XVIII con impronta barroca: «Don Quijote en las bodas de Camacho» de Telemann, luego «Lisola disabitata» de Haydn y las dos óperas de Vicente Martín y Soler, y teníamos ganas de incursionar en el siglo XIX, sobre todo porque el año que viene tenemos ganas de hacer cosas del siglo XX. Dentro del siglo XIX investigamos y luego de una gran pesquisa llegamos a este tipo de formato y esta dupla. Investigando qué se había hecho de Gilbert y Sullivan acá descubrimos que en el momento en que estas obras se estrenaban con uno o dos años de diferencia se estaban haciendo acá; después hubo un gran «impasse» en el siglo XX, y nos pareció muy interesante traerlo. En la década del 60 hubo algunas puestas de otras obras de estos autores a cargo de gente de afuera, pero no «Utopia».

P.: ¿Y a qué atribuyen este decaimiento en el interés local por las obras de Sullivan?

C.S.: La pregunta más bien sería «por qué de las obras que se hacen en la Argentina en un 70% son más o menos las mismas», cíclicamente, y dentro del resto quedan cientos de óperas. La razón es que en general en nuestra sociedad tenemos un componente conservador muy grande.

Diego Rodríguez: Varios de los que vinieron a audicionar lo hicieron porque era Gilbert y Sullivan, les llamó la atención. Entonces no es que no haya público: hay una demanda. Creo que tiene que ver con una secuencia burocrática del criterio de programación de los grandes teatros.

C.S.: Hace poco escuché, y lo cuento sin que implique un juicio de valor por mi parte, a un miembro de un cuerpo estable del Colón quejarse de que este año había sólo dos títulos conocidos dentro de la temporada lírica. Cualquiera de las obras que hicimos, o sus contemporáneas, tuvieron 30, 40 o 60 funciones luego de su estreno, hay un fenómeno del tiempo que interfiere en esta cuestión. Un productor de aquel momento la mantenía en cartel mientras la gente fuera, y mucho público iba varias veces porque era la única forma de escucharla. Hoy en día no hay compañías que piensen en esa duración de sus producciones: se programan 6, 5 o 4 funciones, y eso implica instalar la marca. Si se hace «Bohème» va derecho, en caso contrario hay que hacer todo un movimiento. Es un trabajo enorme explicarle a la gente qué es determinada cosa.

D.R.: Rubén Szuchmacher dice que un espectáculo es sus condiciones de producción: uno ve en él cuáles fueron esas condiciones. Y creo que esas condiciones son lo que en los teatros genera la programación: hay un público que reclama ciertos títulos, y poner un título que ni tiene pasado escénico obliga a un montón de trabajo como el que hacemos nosotros. Nos falta espacio, plata, orquesta, pero podemos hacer lo que nos venga en gana.

C.S.: Los teatros y las compañías podrían convocar a las figuras más conocidas para hacer los títulos menos frecuentados. Nosotros estamos tranquilos en nuestro lugar, generando un espacio, tratando de que el público en general, no el de ópera, se entere de esto que hacemos.

D.R.: Muchas de las cuestiones innovadoras que nosotros ponemos en práctica se relacionan con hacer posible el espectáculo. El año pasado planteamos hacer dos títulos de Martín y Soler, y empezamos a reflexionar sobre lo que hacemos: rescatamos títulos que fueron descartados del repertorio lírico. Se puede hacer el paralelo de trabajar con material descartable, y de ahí llegamos a una escenografía y vestuario repleto de botellas de gaseosas. Quiero correrme de la idea de «pose» innovadora, sí hay una impronta particular. Si yo hiciera una puesta en el Colón, es muy factible que no la hiciera con botellas de plástico.

P.: ¿Pero no cree que esa impronta particular que da a sus puestas en escena puede dificultar al público la comprensión de una ópera que nunca vio antes?

D.R.: En general la gente que viene por primera vez a ver un espectáculo lírico sale muy contenta. Entiendo que hay una cultura de lo que uno iría a encontrar en una ópera, y sé que pongo en cuestión esa espera. Yo, cuando entro a un espectáculo, lo que me propongo es ver si funciona, más allá de que me guste o no. Como artista me propongo generar un espectáculo a partir de un material, y que sea bienvenido por la mayor cantidad de gente posible. No me puedo asegurar de que sea por muchos o por pocos, pero sí sé que mi norte es ser genuino: ni innovador ni conservador.

Entrevista de Margarita Pollini

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