Si en los siglos pasados Iglesia y ciencia tuvieron enfrentamientos e incomprensiones, hay que decir que en los tiempos recientes la diferencia se achicó. Las palabras dichas por el Papa, de manera tan clara, traen aquello que desde hace años es el mensaje de la Iglesia. Y es más, el primero en hablar de la teoría del átomo primigenio, conocida como teoría del Big Bang fue un jesuita belga, George Lemaître, sacerdote, pero también físico y astrónomo, en 1927.
En los libros de catecismo, a partir del Youcat impulsado hace algunos años por Benedicto XVI para proponer las enseñanzas de la Iglesia a las nuevas generaciones, se rescata la teoría evolucionista con tal de que no se pierda, tal la advertencia reiterada hoy por el Papa, en la causalidad de los procesos.
"Están enfrentando el tema altamente complejo -dijo el papa Francisco ante la Pontificia Academia de las Ciencias- de la evolución del concepto de naturaleza". "No ingresaré, lo entienden, en la complejidad científica de esta cuestión importante y decisiva. Sólo quiero remarcar que Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza. Cuando leemos en el Génesis el relato de la creación arriesgamos imaginar que Dios ha sido un mago con vara mágica en condiciones de hacer todas las cosas".
"Pero no es así -agregó-. Él ha creado los seres y los ha dejado desarrollarse según las leyes internas que Él ha dado a cada uno, para que se desarrollen, para que lleguen a su propia plenitud. Él ha dado la autonomía a los seres del universo al mismo tiempo en que les garantizó su presencia continua, dándole ser a toda realidad. Y así avanzó la creación por siglos y siglos, milenios y milenios hasta que se transformó en la que conocemos hoy, propiamente porque Dios no es un demiurgo o un mago, sino el Creador que les da el ser a todos los entes".
| Agencia Ansa |


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