22 de diciembre 2011 - 00:00

Para escapar de la recesión, volvió la peseta a un pueblo

«Volve (vuelve en gallego) a Peseta a Salvaterra», dice un cartel en este pequeño municipio fronterizo con Portugal.
«Volve (vuelve en gallego) a Peseta a Salvaterra», dice un cartel en este pequeño municipio fronterizo con Portugal.
Salvaterra de Miño - ¿Un café? 166 pesetas. ¿Un perfume? 5.000 pesetas. ¿Un secador de pelo? 9.800 pesetas. En el pueblo español de Salvaterra de Miño (Galicia), las calculadoras trabajan desde hace varias semanas para resucitar la moneda anterior al euro.

«Vuelve la peseta»: este escenario tan temido por gobiernos como por economistas en una eurozona en plena ebullición se anuncia en prospectos publicitarios distribuidos en este pueblo gallego de 9.000 habitantes, fronterizo con Portugal.

«Nos pareció una buena idea, una idea fresca», comenta en su bar Montse Ledo, que como otros 57 de los 70 comerciantes de la localidad participa en esta operación.

Iniciada a principios de octubre, la campaña debía durar un mes, pero se prolongó dos veces ante el éxito conseguido.

Finalmente concluirá el 31 de diciembre, con una recaudación que superará el millón de pesetas, que los comerciantes podrán canjear por unos 6.000 euros, dado que el Banco de España sigue cambiando la antigua moneda sin limitaciones de tiempo.

Para Carmen San Juan, de 59 años, la oportunidad era espléndida. «Nos quedaban 10.000 pesetas, estaban en una billetera...», explica, recordando que nunca encontraban el momento de cambiarlas por euros, para lo que tenían que viajar a Madrid o La Coruña.

Con este botín, compró un secador de pelo, un «regalo de Navidad». Luego, arreglando una vieja campera, «metí las manos en el bolsillo y había dos billetes de 2.000 pesetas», dice, asegurando que las va a gastar en otro regalo.

«Cuando cambiamos de moneda, subió todo», constata Montse Ledo, y recuerda que el café antes de 2002 costaba de 90 a 100 pesetas contra las 166 que resulta al cambio actual. Según un reciente sondeo, el 70% de los españoles piensa que en sus diez años de existencia, el euro no les aportó nada.

Este efímero regreso de la peseta despierta también una batería de recuerdos. «Cada vez que llegaba algún billete que era demasiado antiguo, lo tocaba y retocaba porque me hacía mucha ilusión volver a verlo y volver a tocarlo», confiesa Fina Rodríguez, dueña del negocio de electrodomésticos Ebasa.

La «rubia», como llamaban cariñosamente los españoles a la peseta de color dorado, no desapareció de los hogares: el equivalente de 1.700 millones de euros (2.230 millones de dólares) debe aún salir de los cajones, según el Banco de España.

Bienvenida

«Para nuestro comercio, de verdad que le vino muy bien», añade Fina Rodríguez. «Vino gente de muchos puntos de afuera, de bastante lejos, que no eran clientes nuestros, que nos conocieron a través de la prensa», para usar sus pesetas, explica.

El pueblo, como el resto del país, sufre duramente la crisis después de haber puesto sus esperanzas en la burbuja inmobiliaria, que estalló en 2008, y sus calles están llenas de viviendas sin terminar.

«Había unas expectativas muy grandes, mucha construcción y mucha gente de zonas limítrofes se venían a vivir aquí... pero de repente se estancó como en toda España la construcción», lamenta Pablo Pino, presidente de la asociación de comerciantes.

Ahora este regreso a la vieja moneda «dará a conocer» y hará «dinamizar» el pueblo, explica.

Agencia AFP

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