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Para Videla, la Iglesia sabía de desapariciones
En una entrevista publicada por la revista El Sur de la ciudad de Río Cuarto, el exdictador afirmó que la «desaparición de personas fue una cosa lamentable» durante la que volvió a llamar «guerra» contra la subversión.
Sostuvo que las desapariciones eran un asunto que había hablado «con muchas personas», entre ellas, el entonces nuncio apostólico en la Argentina, Pío Laghi -fallecido en 2009-, quien fuera cardenal primado del país, Raúl Primatesta -fallecido en 2006-, y otros obispos de la Conferencia Episcopal local.
«Con ellos hemos tenido muchas charlas. Se lo planteó como una situación muy dolorosa y nos asesoraron sobre la forma de manejarla», subrayó Videla.
«La Iglesia ofreció sus buenos oficios, y frente a familiares que se tenía la certeza de que no harían un uso político de la información, se les dijo que no busquen más a su hijo porque estaba muerto», dijo Videla. «La repregunta es un derecho que todas las familias tienen. Eso lo comprendió bien la Iglesia y también asumió los riesgos».
Entrevista
La entrevista, publicada por la revista El Sur esta semana, fue realizada en 2010, cuando Videla permanecía en una prisión de la central ciudad de Córdoba, mientras era sometido allí a juicio oral por delitos de lesa humanidad, por los que fue condenado.
El periodista Adolfo Ruiz, quien realizó el reportaje, explicó que el exdictador le pidió que no publicara esas declaraciones hasta que él muriera, por lo que hasta ahora no había divulgado la entrevista.
Pero ante la publicación de otro reportaje en la española Cambio 16 el propio Videla rompió el acuerdo liberando la publicación.
Videla reveló también que sobre el final de su mandato, en 1981, la Junta militar pensó en la posibilidad de publicar una lista con los nombres de las víctimas secuestradas y desaparecidas, algo que finalmente descartó.
«Si a una madre le decíamos que su hijo estaba en la lista, nadie le impediría que preguntara ¿dónde está enterrado, para llevarle una flor? ¿quiénes lo mataron? ¿por qué? ¿cómo lo mataron? No había respuestas para cada una de esas preguntas, y creímos que era embochinchar (hacer ruido, lío) más esa realidad, y que sólo lograríamos afectar la credibilidad», dijo.


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