12 de abril 2011 - 00:00

Paradoja: hacia un balotaje entre los dos más resistidos

Lima - La fiesta electoral de la primera vuelta terminó y el Perú se despertó ayer en medio del escenario que temió: una segunda vuelta entre quienes siempre lideraron las encuestas en el rubro «¿por qué candidato no votaría usted nunca?».

El nacionalista Ollanta Humala y la derechista Keiko Fujimori inspiran pánico en buena parte del electorado. Pero las fuerzas que estaban en el medio se fragmentaron y permitieron que ambos pasaran, en el caso de la segunda, incluso, con un porcentaje al balotaje relativamente bajo.

«Ya lo dijo (Mario) Vargas Llosa. Es la elección entre el sida y el cáncer terminal», dijo ayer el analista Fernando Rospigliosi al evocar la frase con que el Nobel de Literatura definió ese escenario.

Rospigliosi no cree en la moderación de Humala, del que sigue convencido que es la versión peruana del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero tampoco cree en Fujimori, en quien ve una reencarnación del Gobierno de su padre -el hoy encarcelado Alberto Fujimori-, lleno de corrupción y abusos contra los derechos humanos y la institucionalidad.

Pero las urnas hablaron y el Perú tendrá que definir entre las dos opciones que sobrevivieron a la primera vuelta. Se ignora qué posición tomarán el centro y las derecha e izquierda democráticas frente a esa obligada polarización.

Por lo pronto, coinciden los analistas, Humala ha sido más hábil para posicionarse. «Abro las puertas a todos», dijo tras conocerse su triunfo en la primera vuelta. «Estoy dispuesto a hacer muchas concesiones en el programa radical», añadió.

El Humala moderado e incluyente posterior al triunfo es el mismo que se vio en los últimos días de campaña. El que habló de consensos y respeto a la ley, a la libertad de prensa, a la propiedad, el que descartó estatizaciones y cortapisas para la inversión extranjera.

Con ese discurso avanzó incluso en plazas hostiles, como Lima. Pero el problema persiste, porque muchos no le creen y lo ven como a un lobo que se disfraza de cordero pero que una vez en el poder se convertirá en el «Chávez» que conducirá al país por un camino incierto.

Fujimori por el momento ni siquiera se ha empeñado en cambiar la imagen y más bien ha reforzado el recuerdo de su padre. En la noche del domingo, en su mitin de celebración, el coro generalizado, alentado por ella misma, era «Chino, Chino, Chino», lo que para muchos confirmó cuál es el real cuadro de jerarquías en ese sector.

Para Rospigliosi, ese es un error, pues evocar el recuerdo ayuda con el núcleo duro, pero cierra las puertas a otros sectores. De hecho, Fujimori pasó a la segunda vuelta con cerca de 23% de los votos, es decir, casi el mismo minoritario 20% que en las encuestas se dice nostálgico de Fujimori padre.

El analista Enrique Castillo piensa que recurrir a la tesis de que todas las fuerzas inclinadas al liberalismo se decidirán por Fujimori automáticamente no es realista. Por ejemplo, planteó: ¿líderes tan comprometidos con la democracia liberal como Alejandro Toledo o Lourdes Flores podrían abrazar esa opción?

El excandidato liberal Pedro Pablo Kuczynski, que quedó tercero, dijo ayer que Humala le parece «más peligroso», pero que la otra parte «tiene sus bemoles» y está ligada a un pasado oscuro. Congresistas virtualmente electos por su agrupación dijeron que el tema de los derechos humanos debe pesar tanto como el económico en la evaluación.

Humala y Fujimori comparten la base social. Ambos tienen su masa de seguidores en las clases populares, aquellas a las que no les ha llegado los beneficios del crecimiento económico continuado. Así lo admitieron Toledo y Kuczynski, que vieron en el voto una expresión de descontento.

Los analistas tienen claro que las clases altas se irán con Fujimori. Pero la estructura socioeconómica del Perú tiene forma de pirámide y el apoyo de esos sectores no será determinante, más allá del despliegue propagandístico que hagan con su poderío económico.

La lucha podría definirse entonces en las clases medias, hostiles a ambos. El ganador será quien pueda limpiar mejor su imagen o, dicen los más pesimistas, el que pueda vender mejor la imagen de que es lo que no es.

Agencia DPA

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