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París, entre el charme y la discriminación
Cantet, cuando recibió la Palma en Cannes, rodeado por sus actores no profesionales: «luego me premió el mismo gobierno que creó el Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional. Qué hipocresía».
L.C.: Si la sociedad fuera capaz, si tuviera el deseo de escucharlos, no tendríamos ese tipo de conflictos. Ese es justamente uno de los desafíos del film.
P.: El título suena fuerte, como a situación carcelaria.
L.C.: Así se siente la mayoría de los alumnos. Pero «Entre los muros» también significa «señores, vamos a quedarnos acá adentro, quiero mirar este microcosmos de la escuela porque representa lo que sucede en el mundo exterior». No me gusta generalizar, éste es solo un grupo específico, pero pienso que observando una clase podemos ver el origen de los conflictos. Los chicos empiezan a sentirse integrantes de una sociedad. Los temas que elaboran en sus diálogos son los que están actualmente en la sociedad.
P.: No generaliza, pero la gente dice «acá pasa lo mismo», sobre todo en cuanto a deficiencia educativa, indiferencia e indisciplina, prejuicios, etc.
L.C.: Eso es curioso. Quise mostrar una imagen de la sociedad de París a través de una escuela y luego, al salir a mostrarla por el mundo (a esta altura ya hice 25 presentaciones en diversos países) en todas partes me dicen «acá pasa algo similar». Me confirman que de lo particular podemos mostrar lo universal.
P.: Y que en varios lados el sistema educativo hace agua. A propósito, ¿cómo les enseñó a actuar a los chicos?
L.C.: La escuela misma nos prepara para ser actores. Los profesores buscan la forma de atraer a su joven público. Y los alumnos, como todo se categoriza muy rápido, se fabrican los personajes que se espera de ellos. Quienes tienen dificultades, aprenden a esconderlas. En la escuela todos interpretan personajes. En cuanto a los que aparecen en la película, durante un año hicieron un taller de improvisación junto al protagonista, que también había sido profesor (ahora es escritor y cronista deportivo). Luego, en el rodaje, yo les daba unas pautas y filmábamos 20 minutos seguidos, con tres cámaras simultáneas. Afinábamos algo las pautas, y así, otros 20 minutos, hasta llegar más o menos a lo que tenía pensado en el guión. Y de la primera toma, mayormente improvisada, a la última, ellos tenían siempre la misma energía e inspiración. Por eso digo que son buenos actores.
P.: ¿Cómo reaccionaron después?
L.C.: Fue lindo cuando advirtieron que su trabajo y su talento era reconocido. Habituados a que los señalen con el dedo, de golpe eran aplaudidos. Por suerte ninguno perdió la cabeza ni tuvo fantasías de gran estrella. Todos siguieron sus vidas normalmente. El trabajo los ayudó a crecer un poco, porque la relación que tuvieron con nosotros fue más adulta que la relación escolar que tienen con sus profesores.
Entrevista de Paraná Sendrós


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