15 de abril 2009 - 00:00

París, entre el charme y la discriminación

Cantet, cuando recibió la Palma en Cannes, rodeado por sus actores no profesionales: «luego me premió el mismo gobierno que creó el Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional. Qué hipocresía».
Cantet, cuando recibió la Palma en Cannes, rodeado por sus actores no profesionales: «luego me premió el mismo gobierno que creó el Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional. Qué hipocresía».
Alto, serio y canoso, Laurent Cantet pasó algunas semanas atrás por Pantalla Pinamar para presentar su film ganador de la Palma de Oro en Cannes, «Entre los muros», sobre un año escolar en París en una institución con hijos de inmigrantes y cierta xenofobia circundante, que se estrena mañana. Este diario compartió con él un diálogo posterior a la exhibición, al que asistieron incluso varios alumnos de un instituto de Cariló, junto a su profesora.

Periodista: Fue muy bueno que en Cannes usted subiera a recibir la Palma con todos los chicos de la película.

Laurent Cantet: Estaba más emocionado por la felicidad de ellos que por el premio. En la vida nadie los valora, y ahí los estaban aplaudiendo. Esa era la respuesta a la mala imagen que la sociedad francesa tiene de ellos. Ahora pasaban a ser la imagen de Francia para el mundo.

P.: ¿Hubo algún uso político del film?

L.C.: Recibí felicitaciones públicas del gobierno, por haber mostrado una escuela multirracial de chicos de origen mayormente extracomunitario. ¡Qué gran hipocresía! ¡El mismo gobierno que ha creado el Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional! El film da una imagen bastante justa de lo que es la inmigración. Como la mayoría de las sociedades ricas, Francia no es buena receptora. Así, aunque la mayoría de esos chicos sean nacidos en Francia, no se los considera franceses, entonces ellos no se sienten queridos, les cuesta hallar su pertenencia, y reaccionan. Ese es uno de los temas que me atrajeron para hacer el film: lo que ellos pueden gritar en la escuela, de modo contenido, lo harán luego más fuerte, sin contención alguna, en la calle.

P.: Acá se dijo que esos chicos son como hermanos menores de los que salieron a quemar autos.

L.C.: Si la sociedad fuera capaz, si tuviera el deseo de escucharlos, no tendríamos ese tipo de conflictos. Ese es justamente uno de los desafíos del film.

P.: El título suena fuerte, como a situación carcelaria.

L.C.: Así se siente la mayoría de los alumnos. Pero «Entre los muros» también significa «señores, vamos a quedarnos acá adentro, quiero mirar este microcosmos de la escuela porque representa lo que sucede en el mundo exterior». No me gusta generalizar, éste es solo un grupo específico, pero pienso que observando una clase podemos ver el origen de los conflictos. Los chicos empiezan a sentirse integrantes de una sociedad. Los temas que elaboran en sus diálogos son los que están actualmente en la sociedad.

P.: No generaliza, pero la gente dice «acá pasa lo mismo», sobre todo en cuanto a deficiencia educativa, indiferencia e indisciplina, prejuicios, etc.

L.C.: Eso es curioso. Quise mostrar una imagen de la sociedad de París a través de una escuela y luego, al salir a mostrarla por el mundo (a esta altura ya hice 25 presentaciones en diversos países) en todas partes me dicen «acá pasa algo similar». Me confirman que de lo particular podemos mostrar lo universal.

P.: Y que en varios lados el sistema educativo hace agua. A propósito, ¿cómo les enseñó a actuar a los chicos?

L.C.: La escuela misma nos prepara para ser actores. Los profesores buscan la forma de atraer a su joven público. Y los alumnos, como todo se categoriza muy rápido, se fabrican los personajes que se espera de ellos. Quienes tienen dificultades, aprenden a esconderlas. En la escuela todos interpretan personajes. En cuanto a los que aparecen en la película, durante un año hicieron un taller de improvisación junto al protagonista, que también había sido profesor (ahora es escritor y cronista deportivo). Luego, en el rodaje, yo les daba unas pautas y filmábamos 20 minutos seguidos, con tres cámaras simultáneas. Afinábamos algo las pautas, y así, otros 20 minutos, hasta llegar más o menos a lo que tenía pensado en el guión. Y de la primera toma, mayormente improvisada, a la última, ellos tenían siempre la misma energía e inspiración. Por eso digo que son buenos actores.

P.: ¿Cómo reaccionaron después?

L.C.: Fue lindo cuando advirtieron que su trabajo y su talento era reconocido. Habituados a que los señalen con el dedo, de golpe eran aplaudidos. Por suerte ninguno perdió la cabeza ni tuvo fantasías de gran estrella. Todos siguieron sus vidas normalmente. El trabajo los ayudó a crecer un poco, porque la relación que tuvieron con nosotros fue más adulta que la relación escolar que tienen con sus profesores.

Entrevista de Paraná Sendrós

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