28 de enero 2009 - 00:00

Patricio Sturlese, el jardinero best seller

Para Sturlese, que su «sacro-thriller» no tenga el mismo éxito aquíque en otros países se debe a que «en la Argentina hay un vínculofrío autor lector» y a que «en el exterior yo soy extranjero, y acá soyde Bella Vista».
Para Sturlese, que su «sacro-thriller» no tenga el mismo éxito aquí que en otros países se debe a que «en la Argentina hay un vínculo frío autor lector» y a que «en el exterior yo soy extranjero, y acá soy de Bella Vista».
  • Con «El Inquisidor», una novela de suspenso-terror en la moda del sacro-thriller, que cuenta la frenética persecución de un libro satánico y de brujos en el renacimiento europeo, el bonaerense Patricio Sturlese se convirtió en best seller internacional. Lleva vendidos 160.000 ejemplares de su novela en 20 países. Sturlese, que ahora tiene 35 años, cursó estudios de teología y filosofía en el teologado jesuita Máximo del partido de San Miguel, y en los últimos años se dedicó a visitar castillos europeos. Pero a él le gusta decir que su profesión es la de jardinero.

  • Periodista: ¿Cómo pasó de jardinero a autor de un best seller?

    Patricio Sturlese: Todo ocurrió muy rápido. Yo era jardinero, lo único que hacía era cortar pasto, algo que hice durante cerca de 12 años. En 2001 se vino todo abajo y perdí hasta ese trabajo. La crisis me llevó a buscar otras cosas. Yo ya había escrito el libro y lo tenía guardado en un cajón, no sospechaba que podía ser un best seller.

    P.: Pero sí lo vieron así los editores de Plaza & Janés, del Grupo Random House.

    P.S.: De golpe me pusieron en un avión y me llevaron a hacer una gira tremenda. El primer país que visité fue Panamá y, apenas llegué al aeropuerto, me llevaron a dar una conferencia en la Feria del Libro de ese país.

    P.: ¿Que le pasó con ese éxito inesperado?

    P.S.: Recuerdo que estaba desayunando en el aeropuerto y vi que el tipo enfrente mío tenía un diario, el «Panamá América», conmigo en la tapa, se lo tuve que pedir porque no podía creerlo. La exposición me resultó extremadamente violenta y muy invasora pero me tuve que adaptar muy rápido, tenía que visitar seis países en 15 días. Y eso no terminó con «El Inquisidor»; estoy proyectando el próximo libro y ya hay invitaciones para que visite un montón de países.

    P.: ¿Cómo fue el encuentro con sus lectores?

    P.S.: Fue como William Wallace cuando va a la guerra. No me podía explicar cómo había colas de gente para que le firmara el libro. En Guatemala fue tremendo, había tanta gente que no me podía ir. Pasó algo gracioso cuando estaba firmando, apareció una mujer toda pintada de blanco, con los ojos negros, tipo dark. Yo pensé: «Esta mina está loca». Cuando se me acercó me dijo «¿No me conocés?». No. «Soy Isabela, la bruja de tu libro». Me descolocó,

    P.: ¿Qué lo llevó a escribir «El Inquisidor»?

    P.S.: Tres cosas: la jardinería, los estudios de teología y la aparición de una estatua de Giordano Bruno. En jardinería, en invierno lo único que se hace es barrer hojas y, mientras tanto, se tiene mucho tiempo para pensar. Además, iba al Colegio Máximo, un monasterio jesuita enorme, de esos que sólo se ven en Europa. Tiene una biblioteca que reúne la cantidad de tomos de filosofía y teología más grande de Sudamérica. Todo ese perfume de abadía, religioso y los conceptos de Dios, de la existencia, lo llevaba a mi trabajo de jardinero, y lo relacionaba con la teología natural. Después, durante una visita a Roma, descubrí en una plaza la estatua de Giordano Bruno, que era un hereje italiano del siglo XVI. La estatua es muy enigmática. Bruno era un monje dominico que en el siglo XVI se hizo apóstata y fue quemado por la Inquisición. Esas tres cosas, hicieron «El Inquisidor-», que escribí en dos años y medio.

    P.: ¿Le ayudó presentar su libro en medio del éxito de «El Código da Vinci?»

    P.S.: Hay hoy en día en las editoriales cierto hastío hacia el género religioso, pareciera saturado. Son ciclos. «El Código Da Vinci» no vino a imponer ninguna tendencia, ya Morris West en los 50 escribió thrillers religiosos como «Las Sandalias del Pescador», y Mario Puzzo «Los Borgia», y Umberto Eco «El nombre de la Rosa» en los 80. Mi novela no tiene nada que ver con la de Dan Brown, no pone en tela de juicio un dogma de fe, cuenta la historia desde el inquisidor, humanizando un personaje que para el común de la gente está un poco demonizado.

    P.: ¿Cómo reaccionaron sus compañeros seminaristas a su obra?

    P.S.: El libro se lo dediqué al decano y a mis profesores, se expuso en la biblioteca y cayó muy bien. Al principio me sentí observado, cuando iba a comer algo al bufet muchos me saludaban, otros se acercaban a preguntarme si era el autor de «El Inquisidor». Ellos lo hojeaban, y ya en la página 46 había sexo, esas partes estaban todas manipuladas. En la facultad estaba todo bien, pero después cuando empezó a ser noticia me llegaban cartas de lectoras encendidas en ira que me decían que era un inmoral. Me dediqué a responder esas cartas, que también le llegaban al decano diciéndole que yo no podía estudiar ahí. A principios de 2007, estaba muy triste porque me replanteaba lo que había hecho con el libro, entonces fui a hablar con los directivos del teologado. Me dijeron que me quedara tranquilo, ellos sabían quién era yo, y el espíritu del texto.

    P.: ¿Por qué cree que en la Argentina no logró el éxito que dice que ha tenido en otros países?

    P.S.: Creo que los argentinos tenemos un modo muy frío en el vínculo autor lector con relación a otros países. También lo que pasa es que en el exterior se vive de otra manera, allí yo soy extranjero y la gente va a ver un autor internacional. Y acá yo soy de Bella Vista.

    P.: ¿Cómo es su vida ahora?

    P.S.: Desde que la gente compra mi libro, soy escritor. Todos los días tomo notas y por la noche escribo.

    P.: ¿Es cierto que escribió en la pared la idea principal de sus obra?

    P.S.: Siempre pensé en la novela como una película. Escribo en las paredes todo lo que pasa, después hago una macro visión y empiezo a ver todo y a agregar lo que falta. En los ataques que tenía de convencerme de que no necesitaba que alguien lo lea, anoté en la pared «No me importa que nadie la lea».

    P.: ¿Hay propuestas para filmar una película sobre «El Inquisidor»?

    P.S.: El recorrido que tiene que hacer un libro hasta llegar al cine, es largo. Una película basada en un libro puede beneficiarlo o arruinarlo. Prefiero que nunca se haga película, o, si se hace, que sea dentro de diez años.

    P.: ¿Qué está escribiendo?

    P.S.: «La Sexta Vía»,
    que está contratado para ser publicado en varios países, y me invitaron a presentarlo en la próxima Feria del Libro de Madrid.

    Entrevista de Victoria Peuriot Bouché

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