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Pelea de “guerrillas” por espacio callejero
La batalla, hasta ahora, incluyó algún incendio aislado de un comité rival o la destrucción de las pancartas a dos aguas, denominadas «palomas», que ordenadamente ocupan calles y veredas. Un candidato a diputado oficialista de la periferia de Santiago le contó a este enviado la pragmática respuesta que le brindó a un colega que lo llamó para quejarse porque le rompían los carteles: «Tú tienes que darte cuenta de que el mejor negocio de la gente que te pone los carteles es rompértelos. Cuanto más los tienes que reemplazar, más les debes pagar».
Para tener una idea de la cantidad de «palomas» de PVC utilizadas, sólo en ese rubro propagandístico fueron gastados u$s 6 millones en esta campaña, según la web Centro de Investigación Periodística. Ese medio indicó que Sebastián Piñera, que lleva la delantera en el gasto de campaña, compró una impresora de carteles que le costó u$s 100.000 e instaló en una empresa ligada al diario El Mercurio. Las horas bajas de la Concertación menguaron en parte el apoyo que el mundo artístico brindaba a la alianza oficialista en cada campaña. En esta ocasión, la irrupción de Marco Enríquez-Ominami resultó un imán para muchos, y más aún lo fue el candidato de izquierda, el carismático Jorge Arrate. Juntos Podemos fichó a Alfredo Castro, una de las máximas estrellas de la actuación local, que, paradójicamente, acaba de ser contratado por Chilevisión, el canal de Piñera. Para mortificar al oficialismo, Castro declaró que «Chilevisión no es más de derecha que TVN», el canal estatal.
No obstante, la Concertación pudo exhibir en los últimos días avales significativos, como los del escritor Antonio Skármeta, y las actrices Gloria Canales y Gloria Munchmeyer. Pero ninguno de ellos tuvo tanto peso en la campaña como la esposa de Enríquez-Ominami, Karen Doggenweiler, una popular conductora que pidió licencia en TVN.


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