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Peligro: asoma el olvido del Auschwitz de Baby Doc
Convocados por candidatos que quedaron fuera del balotaje, manifestantes atacaron vehículos de la Minustah en Puerto Príncipe. La situación política es de total incertidumbre en Haití.
Bien lo sabe Duval, que pasó ocho meses entre 1976 y 1977 en una de las diez celdas de apenas tres por cuatro metros donde hacinaban a hasta 40 prisioneros, «a menos que alguno se muriera», recuerda mientras muestra los restos de lo que fue su celda. Y morían muchos, apunta.
El viernes, Duval se convirtió en la sexta víctima del régimen de Baby Doc (1971-86) que presentó una demanda por violaciones de los derechos humanos contra el exdictador, a quien se le abrió un proceso apenas llegó a Puerto Príncipe el domingo de la semana pasada tras 25 años en el exilio.
«Pedí que juzgaran a Duvalier y al Ejército haitiano, porque me encarcelaron, torturaron y por poco me matan; ya mataron a muchos otros allá», explica y señala que tan sólo en el tiempo que él pasó en la infame prisión que en la época se conocía como «Lenfer des hommes» (el infierno de los hombres), llegaron a contar 180 muertos.
Algunos de ellos, asesinados a golpe de bate, dice, pero la mayoría de pura «malnutrición». «Nos daban un pedazo de pan con café a la mañana, para almorzar un bol de maíz caliente que teníamos que volcar en el piso para que se enfriara, y ese mismo bol nos lo llenaban de agua, que tomábamos rápido porque ese bol pasaba a la próxima celda. Y a la tarde, cuatro cucharas de arroz o de maíz. Unas 300 calorías al día», relata.
«En condiciones así, uno no dura mucho. Como no querían disparar o utilizar balas, te dejaban morir así», relata Duval, un hombre que mide más de 1,80, pero que durante su encierro en Fort Dimanche, con 22 años, llegó a pesar tan sólo 40 kilos. Duval logró salir por una amnistía que negoció el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter. En la lista figuraban 13 nombres. «Yo era uno de los tres supervivientes. Todos los demás estaban ya muertos», dice escuetamente.
Cuando se le pregunta a Robert Duval qué sintió cuando se enteró del regreso de Baby Doc a Haití, hace un gesto como de escupir. «Me dio asco, vómito. Sentí físicamente como que me ahogaban... Fue un golpe psicológico tan fuerte que él pueda hacer eso, es algo sórdido», relata este hombre afable, muy conocido en Puerto Príncipe por dirigir «LAthletique dHaiti», un proyecto para enseñar deporte a los niños en las afueras del paupérrimo suburbio de Cité Soleil.
De hecho, Fort Dimanche no está muy lejos de donde se asienta «LAthletique». En un Haití sin embargo donde casi la mitad de la población nació después de la marcha de Baby Doc en 1986, Fort Dimanche ha dejado de ser una referencia del terror y la opresión de la era Duvalier.
De lo que fue la temible cárcel quedan en la actualidad apenas unos edificios que llegaron a ser una escuela, y de las celdas como en la que vivió Duval no queda más que su suelo.
El lugar, rebautizado -ironías de la vida- como «Village Démocratie» (Aldea Democracia), se convirtió en la era Aristide en una villa de emergencia.
Cuando a muchos jóvenes se les habla de Fort Dimanche, creen que uno se refiere a una comisaría del mismo terrible nombre que hay en otro barrio de Puerto Príncipe.
«Una maniobra para borrar la memoria», lamenta Duval. Pero él mismo reconoce que su generación, aquella que sufrió el régimen duvalierista, probablemente no hizo su tarea a la hora de conservar la memoria de una terrible época que a la nueva generación de Haití apenas suena.
«Los que fuimos víctimas de todo eso no pasamos demasiado tiempo educando a los jóvenes porque estábamos demasiado ocupados manteniendo el espacio democrático y era difícil hacer ambas cosas», admite.
En sus primeras declaraciones desde que regresó a Haití, el viernes, Duvalier se dirigió especialmente a los jóvenes, muchos de los cuales dicen creer su mensaje de que volvió «para ayudar» al país tras el devastador terremoto del año pasado.
Duval sacude la cabeza con tristeza. «Creo que tenemos que tener un programa educativo sobre la era, tenemos que reconstruir esto».
Agencia DPA


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