10 de abril 2012 - 00:00

Pensiones para todos (no por mucho tiempo)

Pensiones para todos (no por mucho tiempo)
El gasto en pensiones (contributivas y no contributivas) representaba un 6% del PBI en la segunda mitad de los 90, con una caída a menos del 5% entre 2005 y 2006; desde entonces -con la extensión de las moratorias previsionales, la expansión de las pensiones no contributivas y la generalización de los aumentos a partir de 2009-, creció hasta representar un 8,2% del PBI el año pasado y un estimado del 9,5% en 2012. Al ritmo y tendencias actuales superará un 10% del PBI en 2013 y se acercará al 12% al final de la actual administración. Tamaña expansión del gasto (en 7 años se duplicó en términos del PBI) supone, por una parte, un aumento de la cobertura de la población objetivo (en general, población en edad de jubilarse), y por otro lado, requiere un aumento del financiamiento corriente o el uso de ahorros del pasado (asumiendo que no se recurre al endeudamiento).

No hay dudas del aumento de cobertura, al punto que se pasó de un número de beneficios equivalente al 83,5% de la población en edad de jubilarse (mujeres desde los 60 y hombres desde los 65 años) en la década previa a 2006, a un nivel que supera el 137% en 2012. En otros términos, el total de pensiones no sólo permitiría hoy cubrir con algún beneficio a la población en edad de jubilarse (aunque algunos todavía no accedan al beneficio), sino que lo excede en número de prestaciones en más de un tercio. Cabe observar que estos datos corresponden al sistema nacional (SIPA) y por lo tanto no incluyen las pensiones a cargo de las cajas provinciales no transferidas, lo que elevaría a más del 145% el cociente entre pensiones y población en edad de jubilarse.

Este fenómeno transitorio -dura mientras se paguen las pensiones- puede tener impacto en el mediano plazo al reducir la probabilidad de empleo de población que se mantuvo fuera del mercado durante algún tiempo, elevando la tasa de desempleo de «larga duración».

En lo que hace al gasto -poco menos de 36 mil millones de dólares en 2011- su expansión vino de la mano de un aumento de aportes y contribuciones, y de los recursos tributarios asignados en oportunidad de la reforma de 1993 (cuando se requirió cubrir con fondos adicionales el costo de la transición desde el reparto a la capitalización). Los aportes y contribuciones al sistema se multiplicaron prácticamente por 5 en el último quinquenio, aun cuando ello no impidió un aumento del déficit del subsistema contributivo (actualmente con 5,7 millones de pensionados) hasta unos 34 mil millones de pesos estimados para 2011. Los incrementos en el número de beneficios y en la pensión promedio tendieron a superar el aumento de los ingresos propios del sistema. Aun en un escenario de gran moderación para lo que resta de la actual gestión -tanto en el otorgamiento de nuevas pensiones como de aumentos semestrales- cabe esperar un sostenido aumento del déficit del sistema en términos reales, en relación con sus ingresos propios, y en términos del PBI.

Las perspectivas podrían ser aún más sombrías, ya que es probable que el aumento de los recursos del subsistema contributivo tiendan a moderarse con la desaceleración del crecimiento económico, lo que impactará tanto en el empleo agregado como en el formal -de hecho, los datos oficiales indican que el empleo informal está volviendo a crecer desde fines del año pasado-. Un menor crecimiento del empleo formal con un gasto que se expande por mecanismos de indexación aumentaría más rápidamente el déficit del sistema y agotaría los recursos tributarios preasignados al sistema previsional, requiriendo mayores recursos tributarios antes de finalizar la actual gestión.

Estos números no reflejan, sin embargo, la magnitud del salto en el desequilibrio del sistema previsional. En efecto, éste estaba ya en desequilibrio en la década pasada como consecuencia de que con la reforma de 1993 y tal como se señaló el Tesoro, perdió recursos (pasaron a acumularse en las cuentas individuales de las AFJP). De allí la necesidad de incrementar los impuestos asignados a la previsión con la reforma de 1993. Entre 1998 y 2000, es decir entre el cuarto y sexto año de la reforma, el subsistema contributivo mostraba un déficit promedio (antes de impuestos asignados) de 4.340 millones de dólares anuales. Una porción de ahorros aún mayor, sin embargo, se acumulaba en cuentas individuales, reduciendo la deuda (a futuro) del sistema público a sólo una fracción de la pensión. Actualmente -a pesar de que los aportes individuales revirtieron al sistema público- el subsistema contributivo tiene un déficit creciente que superó los 8 mil millones de dólares en 2011 (obviamente el déficit es mayor si se agregan las pensiones no contributivas, y desaparece si se le suman los impuestos asignados). Para determinar el verdadero cambio en el resultado del sistema, a ese déficit se le deberían sumar los fondos que mensualmente ingresaban a las cuentas individuales, fondos que hoy ya están incluidos en los ingresos de ANSES. Es decir que el déficit del subsistema de previsión en los hechos se más que triplicó en dólares corrientes, y creció aún más en términos actuariales (pues la deuda hoy ya no es por una fracción de la pensión, sino por toda la pensión).

Las políticas populistas implican siempre un horizonte corto y -a menos que la suerte acompañe- resultan insostenibles. Los ejemplos de decisiones populistas no son, por cierto, privativos de la actual gestión, pero se han multiplicado y ponen en riesgo la estabilidad macroeconómica. La política energética debió olvidarse del objetivo oficial de hacer «llover gasoil», dando paso a un escenario que derrama sus efectos negativos sobre el comercio exterior y los movimientos de capitales. El sueño de las «milanesas para todos» no duró mucho tiempo ni logró reducir la inflación, ya que a falta de milagros bíblicos se requiere de la iniciativa privada para multiplicar los panes. Tampoco existe milagro en el programa de «pensiones para todos», excepto que esconde un fenomenal salto del déficit previsional. Eso implica mayores impuestos hacia adelante, ya que los recursos que antes se ahorraban ahora no alcanzan para financiar al sistema, y el stock de ahorros acumulado entre 1994 y 2007 se está destinando a financiar gasto corriente. Para los futuros pensionados, y para los actuales también, será conveniente que en algún momento comiencen a ahorrar por otro lado, porque la situación actual luce insostenible.



(*) Economista jefe de FIEL

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