Recientemente, el Gobierno cubano anunció que eliminará restricciones y trabas burocráticas para facilitar la adquisición y permuta de las viviendas estatales que se encuentran en alquiler. Estas propiedades pasarán a manos de los inquilinos que hayan residido 20 años en ellas y podrán ser permutadas por otras. El déficit de viviendas en Cuba se estima en entre 500.000 y 600.000 unidades (sobre una población total de 11 millones). En 2005, el Gobierno cubano lanzó un plan de construcción anual de 150.000 casas, pero una serie de obstáculos, como la falta de transporte, escasez de obreros y robo de recursos, provocó atrasos. El régimen de tenencias de viviendas es muy particular: quienes eran dueños antes de la revolución del 59 mantienen sus propiedades, pero la mayoría de los cubanos fueron alojados en «solares», es decir, antiguos palacios de la oligarquía que vivió en Cuba hasta el derrocamiento de Batista y que hoy muestran en La Habana vieja la imagen de decadentes conventillos. Quienes tienen posibilidad de alquilar a turistas algún cuarto extra pueden hacerse de recursos como para mantener en un estado decoroso sus viviendas, pero en la mayoría de las casas, muy humildes, es manifiesto el deterioro. Los jóvenes que forman pareja no tienen más remedio que irse a vivir con alguno de sus progenitores, y en el caso de que las familias crezcan, esperar eternamente que el Estado les brinde una nueva vivienda. Esta forzada convivencia y la escasez de espacio limitan el número de hijos y provoca altas tasas de divorcio.
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