- ámbito
- Edición Impresa
Pérez, con moneda devaluada
«El ratón Pérez» contó con un software de animación más refinado.
El hijo menor, en cambio, es una inocente criatura, que pierde su último diente de leche fuera de su casa, peor aún, fuera de su país, y se pregunta si el ratón podrá ir a buscarlo. Esa sería, además, la última oportunidad de conocerlo. El ratón cumple, pero las cosas se complican, culpa de la malcriada antedicha, el empresario susodicho, una ratoncita dichosa que quiere tentar al ratón viejo, y otros imponderables. Pero el Rata, el Ratito (la nueva generación) y decenas de bichos irán en su auxilio. Los humanos, por su parte, deberán solucionar algunas cuestiones familiares, como la poca atención que los adultos dan a los niños, el maltrato a los hermanitos menores, y esas cosas. Todo esto, contado en forma amena (aunque las risas infantiles se oigan recién hacia el final), con buena dirección de arte (Daniel Gimelberg, Mauro Do Porto), destacable tema orquestal en la secuencia que explica la operatoria mundial de los ratones (Daniel Goldberg, Panchi Quesada), un recurso sencillo y agradable para animar las siluetas de las ciudades, un software más refinado para los pelos en 3D y otros detalles, pocos guiños para grandes (por ejemplo, un afiche del empresario con la gráfica de los clásicos discos Deutsche Gramophon), y un guión a seis manos que, la verdad sea dicha, no supera el que hizo Enrique Cortés para la primera película. Tampoco puede superarse la sorpresa de la primera, pero esto ya era de suponer. Dirección general, Andrés Schaer, que viene de trabajar para Lanata.
Datos adjuntos, algo zoofílicos: la canción final es de La Mosca, un poco al estilo de las salsas del Gato Pérez, y en España la voz del ratón la hace un actor de apellido Cuervo, Fernando Guillén Cuervo (aquí por suerte la seguimos apreciando en la voz de Alejandro Awada). Demasiado breve y anodina la aparición de Manuela Velasco, la de «Rec», haciendo nuevamente de notera televisiva.


Dejá tu comentario