26 de junio 2009 - 00:00

Perú: Sendero Luminoso se olvida de Mao y opta por el negocio narco

Sendero Luminoso está de regreso en Perú. Aggiornado, deslindado de aquel fanatismo maoísta de los 80 y 90, el senderismo de este milenio trocó esas utopías puristas aplicadas al terror y a la guerra interna por otro flagelo, más práctico y más redituable: el narcotráfico. Lo llaman ahora neosenderismo o narcosenderismo.

«El de Sendero Luminoso es un proceso de farcarización», dice a Ámbito Financiero el sociólogo peruano Jaime Antesana, investigador en temas de terrorismo y narcotráfico. Concentrado ahora en dos áreas geográficas -el valle del Alto Huallaga y el VRAE (Valle de los Ríos Apurimac y Ene, de espesa selva)- y repartido en dos columnas armadas de más de 200 hombres cada una, el senderismo residual hoy no tiene estrategia política ni proyecto de guerra sino un negocio dentro del narcotráfico. «Con su brazo armado pretende demostrar a las demás firmas del narcotráfico que es una fuerza que puede garantizar el funcionamiento de la producción de cocaína y evitar las políticas de erradicación de las plantaciones», explica.

«Sendero es hoy una firma de droga, con un discurso social incorporado, que está creciendo por motivos económicos y no por razones políticas o doctrinarias», agrega Antesana. Es que este narcosenderismo, farcarizado y próspero con las ganancias de la cocaína, hoy da empleo no sólo a campesinos y cultivadores, a «mulas y mochileros» para el transporte, y a operarios para las fosas de maceración y laboratorios, sino también protección armada a toda la cadena «narco», propia y ajena.

Según el comandante general del Ejército peruano, general Otto Guibovich, «Sendero cambió su relación con la población» y, si bien está internado en la selva, «cuando 'baja' hace lo que antes hacia el Estado: provee agua potable, construye una cancha deportiva o pinta una escuela», dijo hace días al diario limeño El Comercio. «Hoy se parecen a las FARC: no les quitan a los campesinos sus propiedades, sino que los apoyan y hasta les pagan para que se unan a ellos», agregó.

No son las únicas similitudes con el grupo narcoterrorista colombiano: la semana pasada, la TV peruana difundió imágenes de chicos menores de 17 años entrenándose con fusiles Galil y UZI en la selva.

El antiguo Sendero Luminoso (SL), que en la guerra interna peruana de los 80 y 90 provocó más de 30.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos, fue descabezado en setiembre de 1992 con la captura de su fundador y líder, el filósofo Abimael Guzmán. Pero el gran cambio se dio en el año 2000, después de que cayera apresado «Feliciano», su sucesor. Fue allí cuando los senderistas, para sobrevivir a esa derrota estratégica, comenzaron a ser mochileros, para transportar droga por los caminos de herradura (montaña). «Fue el proceso de integración a la cadena narco», dice Antesana, «cuando establecieron alianzas con organizaciones de tráfico, empezaron a dar protección, a cobrar cupos por ella, y decidieron usar uniformes».

A partir de 2002, con el surgimiento de un fuerte movimiento cocalero en Perú, el neosenderismo pidió a los campesinos que «bajasen al valle a sembrar coca contra la pobreza, y a la vez exigió a los alcaldes que cumpliesen con la obra pública y social prometida en la campaña electoral», prosigue Antesana. Fue durante ese período, en setiembre de 2003, cuando SL secuestró a 71 empleados de Techint que trabajaban en el gasoducto de Camisea. «Sendero ya no era el grupo terrorista que degollaba y arrasaba la tierra, sino una organización, criminal, con la que se podía negociar y que ya no mataba a la población civil», dice el argentino Carlos López, especialista en seguridad e inteligencia, y que en esos momentos, como gerente de seguridad de Techint, manejó aquella situación de crisis.

En los últimos dos años, el crecimiento del negocio -ahora con cultivos de coca, procesamiento en pasta base y transporte para «exportación» hacia la costa- convirtieron a Sendero Luminoso en el primer productor narco de Perú. El 54% de la producción peruana de cocaína procede del VRAE, el valle cocalero dominado por SL. El Gobierno de Alan García, si bien redobló la lucha contra el narcotráfico, no puede impedir, por ahora, los ataques y emboscadas de los senderistas sobre la Policía y el Ejército, ni el 4,5% que se incrementó en 2008 la superficie cultivada con coca.

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