9 de septiembre 2015 - 00:00

Pese al revuelo conservador, la doctrina católica no cambia

Consciente de las distintas realidades que atraviesan las parejas y continuando con las recomendaciones de distintos expertos que en los últimos años analizaron las objeciones al actual proceso, Francisco dio a conocer ayer el nuevo decreto papal ("Motu proprio") sobre la reforma del proceso canónico para la causa de declaración de nulidad del matrimonio en el Código de Derecho Canónico. "El empuje reformador está alimentado por el gran número de fieles que (...) a menudo están separados de las estructuras jurídicas de la Iglesia a causa de la distancia física o moral", reconoce con realismo el Papa, quien en los considerandos de su decisión insiste en que "la misma Iglesia como madre se acerque a los hijos que considera separados" por medio de la caridad y misericordia. Un pedido que para los sectores conservadores es un verdadero golpe a los cimientos de la tradición católica, pues sienten que el perdón a las madres que abortaron, la comunión a los divorciados o la desacralización (aparente) de la figura papal formaría parte de una corriente liberal cada vez más enquistada en el seno del Vaticano.

Sin embargo, la reforma, que entrará en vigor el próximo 8 de diciembre en coincidencia con el Año Santo de la Misericordia, no cambia una coma de la posición de la Iglesia en cuanto a la sacralidad del vínculo matrimonial, es decir que no pretende favorecer la nulidad de los matrimonios sino la rapidez de los procesos frente a la burocracia jurídica administrativa a la que eran sometidos los expedientes. En primer lugar se evalúa si un matrimonio puede ser considerado nulo con base en 28 causales, y si el caso es positivo, se declara la nulidad.

Entre los puntos centrales de esta "revolución franciscana" que muestra el acercamiento de la Iglesia con los que están en las "periferias", se destaca en primer lugar, que el Papa pidió se "asegure la gratuidad de los procedimientos" a fin de que sean accesibles para todos y así desterrar la idea de que para la Iglesia estos trámites son un negocio; en segundo lugar, el proceso será corto (máximo un año) sin sentencia doble. Es decir, la sentencia afirmativa no apelada es ejecutiva. Y en tercer lugar, el decreto le otorga nuevos poderes al obispo, quien tiene una responsabilidad mayor y debe garantizar que los procesos se realicen respetando el orden moral.

Queda claro entonces que el pontífice argentino no ha dado vía libre a las anulaciones matrimoniales (porque la Iglesia no acepta el divorcio) sino que ha simplificado los procedimientos para los casos en los que el consentimiento al momento de contraer matrimonio era inválido por estar enmarcado en algunos de los causales de nulidad. Por lo tanto, para la Iglesia esa unión nunca existió, es nula.

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