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Pese al revuelo conservador, la doctrina católica no cambia
Sin embargo, la reforma, que entrará en vigor el próximo 8 de diciembre en coincidencia con el Año Santo de la Misericordia, no cambia una coma de la posición de la Iglesia en cuanto a la sacralidad del vínculo matrimonial, es decir que no pretende favorecer la nulidad de los matrimonios sino la rapidez de los procesos frente a la burocracia jurídica administrativa a la que eran sometidos los expedientes. En primer lugar se evalúa si un matrimonio puede ser considerado nulo con base en 28 causales, y si el caso es positivo, se declara la nulidad.
Entre los puntos centrales de esta "revolución franciscana" que muestra el acercamiento de la Iglesia con los que están en las "periferias", se destaca en primer lugar, que el Papa pidió se "asegure la gratuidad de los procedimientos" a fin de que sean accesibles para todos y así desterrar la idea de que para la Iglesia estos trámites son un negocio; en segundo lugar, el proceso será corto (máximo un año) sin sentencia doble. Es decir, la sentencia afirmativa no apelada es ejecutiva. Y en tercer lugar, el decreto le otorga nuevos poderes al obispo, quien tiene una responsabilidad mayor y debe garantizar que los procesos se realicen respetando el orden moral.
Queda claro entonces que el pontífice argentino no ha dado vía libre a las anulaciones matrimoniales (porque la Iglesia no acepta el divorcio) sino que ha simplificado los procedimientos para los casos en los que el consentimiento al momento de contraer matrimonio era inválido por estar enmarcado en algunos de los causales de nulidad. Por lo tanto, para la Iglesia esa unión nunca existió, es nula.


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