30 de diciembre 2010 - 00:00

Pese a prometer continuidad, Dilma ya se diferencia de Lula

Río de Janeiro - Dilma Rousseff asumirá la presidencia de Brasil el sábado y heredará una de las más calientes economías del mundo. Pero, a la vez, enfrentará la tarea casi imposible de mantener el éxito de su carismático mentor, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se despide con una popularidad del 87% según una encuesta de Sensus divulgada ayer.

Durante los ocho años de Gobierno de Lula, Brasil pasó de ser un país de mal rendimiento y proclive a las crisis a una potencia económica con millones de nuevos consumidores de clase media y una creciente influencia en los temas mundiales.

El auge del gigante latinoamericano debería continuar, pero con un estilo de liderazgo muy diferente, después del juramento de Rousseff en Brasilia.

Como sucesora de un presidente que deja el cargo con índices de aprobación récord y que ha insinuado que volvería a postularse en 2014, Rousseff podría verse opacada desde el comienzo por Lula y sus logros.

«Su desafío será ocupar este enorme espacio dejado por Lula», dijo Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Woodrow Wilson en Washington.

Sin embargo, sus partidarios afirman que sus primeros pasos -la promesa de continuidad con las políticas económicas de Lula al mismo tiempo que dejó claro que es una líder por derecho propio- han mostrado el potencial de la ex guerrillera marxista de 63 años de convertirse en una presidenta fuerte.

Rousseff, quien se convertirá en la primera mujer en gobernar Brasil, es una pragmática y se ha rodeado de ministros moderados, muchos de ellos nombres de confianza del gabinete de Lula, y llamó a respetados tecnócratas para ocupar puestos como el del presidente del Banco Central.

Durante su discurso de victoria tras las elecciones de octubre, prometió erradicar la pobreza remanente, pero luego calmó a los inversores al comprometerse a recortar los gastos, para irritación de Lula.

Rousseff, una sobreviviente de cáncer y madre divorciada que disfruta de la lectura de Proust, podría cambiar el ritmo de la política exterior de Brasil al colocar un mayor énfasis en los derechos humanos y realizar acciones para reparar las relaciones con Washington, que se deterioraron debido a la cercanía de Lula con Irán.

El éxito de Rousseff dependerá sobre todo de su capacidad por mantener activa a la mayor economía de Latinoamérica y de continuar con el aumento del poder adquisitivo que ha elevado a casi 30 millones de personas a la clase media desde 2003.

«Si ella puede seguir haciendo eso, la gente la abrazará como lo hicieron con Lula. Si la economía tambalea, ella tendrá problemas», anticipó James Green, profesor de Estudios Brasileños en la Universidad de Brown.

Pese al fuerte mandato recibido por Rousseff y la coalición gobernante en las elecciones de octubre, su agenda en el Congreso probablemente será entorpecida por los intereses creados que impidieron que Lula pudiera aprobar reformas estructurales y políticamente dolorosas.

La presidenta electa ya ha señalado que no tocará el colapsado sistema previsional y que en vez de eso se concentrará en aliviar los cuellos de botella que impiden que Brasil crezca más rápido y por más tiempo, como los gigantes emergentes China e India.

La tecnócrata de carrera y ex ministra de Energía presidirá el país durante una expansión del rol estatal en áreas claves, como el sector petrolero, en momentos en que Brasil se prepara para explotar enormes reservas de yacimientos de crudo en el mar. Eso no sucederá, sin embargo, hasta que resuelva una disputa potencialmente amarga entre los estados respecto de cómo repartir los miles de millones de dólares de regalías del petróleo.

La ex guerrillera marxista también usará recursos estatales para mejorar las decrépitas carreteras, vías férreas y aeropuertos de Brasil previamente a la realización en el país del Mundial de fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016.

Uno de los mayores cambios en estilo y contenido en el Gobierno de Brasil se dará en la política exterior, donde Lula usó toda la fuerza de su personalidad para impulsar el rol del país como líder del mundo en desarrollo en temas como comercio y medioambiente.

Rousseff ve como prioridad el establecimiento de fuertes vínculos con otras grandes potencias emergentes, especialmente con la economía de China, país que desplazó a Estados Unidos con el principal socio comercial de Brasil durante el segundo mandato de Lula.

Marco Aurélio Garcia, asesor especial de Lula en relaciones exteriores, que mantendrá su cargo en el Gobierno de Rousseff, dijo esta semana al periódico local Valor Economico que el Gobierno planea «un paquete de iniciativas hacia China».

Pero parece que Brasil les daría mayor prioridad a las preocupaciones vinculadas con los derechos humanos que fueron más moderadas bajo el mandato de Lula, en un abordaje que despertó críticas hacia el presidente a nivel global cuando visitó Irán este año para intentar mediar un acuerdo nuclear.

Rousseff, quien se resistió a la dictadura militar en Brasil y fue torturada mientras estaba presa en la década de 1970, indicó que su país se equivocó al abstenerse en una resolución de Naciones Unidas que condenó la política de Irán de lapidar a una persona hasta la muerte.

«El hecho es que por primera vez tenemos un presidente que fue víctima de la tortura», indicó Sotero.

Agencia Reuters

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