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Pinamar: Alessio Boni, en el camino de Laurence Olivier
Boni: «Cuando mi padre vio ‘Cómplices del silencio’ me preguntó: ‘¿eso pasó en la Argentina?’ ‘Sí, papá, y cosas peores’. En Italia hay gente que nunca lo supo».
Periodista: Usted viene de protagonizar nuevas versiones de «Cumbres borrascosas» y «Rebeca, una mujer inolvidable», las dos películas más conocidas de sir Laurence Olivier. ¿No lo asusta la comparación?
Alessio Boni: Claro, es Laurence Olivier. Pensé mucho antes de firmar cada contrato pero, a fin de cuentas, él representa la forma de actuar, de moverse, de su época. Yo debo representar la de mi época. Y me convierto en un eslabón hacia otro actor que retomará esos personajes en el futuro. Además, los diálogos de Olivier eran literarios, los de mi época no. Luego, cuanto mucho, la gente comparará dos estilos de actuación. Peor fue cuando interpreté a Caravaggio y a Puccini en sendas obras televisivas.
P.: ¿Por qué?
A.B.: Porque son evidentes. Otros son fantasías, pero acá te enfrentas al autorretrato de Caravaggio, a las fotos de Puccini, a cualquier anciana que puede decirte «soy la nieta de Puccini, él caminaba así, no como tú lo haces, ignorante». Ahí debo hacer un trabajo de búsqueda, para aplicar al guión y ofrecerlo al director.
P.: Ya que estamos, el noble culto, homosexual y antifascista que hace en «Sanguepazzo», ¿se inspira en Luchino Visconti?
A.B.: Digamos que es una mezcla de varias personas de la época, entre ellas Visconti.
P.: ¿Y cómo elaboró el personaje del hermano policía de «La mejor juventud»?
A.B.: Simple, había hecho el servicio militar en la policía, un año y medio. Sé cómo anda uno por la comisaría, cómo mira, cómo se pone la gorra, cómo se calza el bastón.
P.: ¿Y el periodista deportivo que hace en «Cómplices del silencio»?
A.B.: Ahí tuve otra clase de desafío. Porque mi personaje viene con un colega amigo pensando solo en fútbol, mujeres, asados. Pero Cupido está siempre atento. Sucede algo mágico para él. Se enamora de una mujer extraña. No sabe en qué anda. Poco a poco advierte una función extraña de las cosas, que llevan a la tragedia. Reconozco que es una película para los europeos. En Italia, si no haces una búsqueda muy precisa, no sabes bien qué pasó en esa época. Ni mi padre sabía. «¿Eso pasó en la Argentina?» «Sí, papá, y cosas peores». La gente me dice «no percibías nada». Algunos militares en la calle, pero nada más. Rocco, el guionista, vivía acá y no sabía casi nada.
P.: Su personaje no sabe nada.
A.B.: Entonces, yo tampoco. No miré películas ni me empapé del tema antes del rodaje. Debía expresar desconocimiento, y en esos casos, si sabes algo, la cámara lo advierte en tus ojos. La cámara radiografía tus sentimientos. Los busca y los radiografía. Distinto es cuando interpreté al príncipe Andrei Bolkonsky en la serie «La guerra y la paz». Ahí estudié la nobleza rusa, leí todo Tolstoi, sabía qué pensaba, sentía la condición del noble y su conciencia de las cosas, porque el personaje tenía esa conciencia a la vista. Cada personaje pide un acercamiento distinto.
P.: ¿Por qué unos personajes «pegan» más que otros? Por ejemplo, ¿a qué se debe el éxito mundial de «La mejor juventud»?
A.B.: Además de tener un director magnífico, un guión escrito en estado de gracia, etcétera, no habla de héroes, sino de personas normales, como un abogado o un gerente de banco, gente común que ama su trabajo y, con responsabilidad, va todos los días a trabajar. Es la historia de una familia normal que, por supuesto, a lo largo de los años vive también los episodios propios de la vida del país (la inundación de Florencia, la violencia de un sector, la evolución de costumbres, etc.). Muchos films italianos hablan de la mafia, pero los mafiosos son el 15 por ciento de la población, el resto es gente normal, que trabaja, y lo hace con ética laboral. Esto es lo que el público encuentra en el film. En todas partes me dicen «era así, es así».
P.: Con el mismo director, Marco Tulio Giordana, usted filmó «Quando sei nato non puoi nasconderti» (Desde que naces no puedes esconderte). ¿De qué se trata?
A.B.: Ah, es una historia hermosa, porque cada película que hace Giordana no es un trabajo, es un viaje dentro de la humanidad. Sales mejor que antes, más enriquecido, algo que consigues con muy pocos directores. Un niño sale a la cubierta de un yate, de noche, a hacer pipí, y se cae al agua. Justo pasa una barca de albaneses, inmigrantes ilegales, y uno de ellos, un chico, se tira y lo salva. Poco después el padre, que soy yo, descubre la ausencia del niño, empieza la búsqueda nocturna, sin resultados. El padre lo cree muerto, y en el Centro de Acoglienza donde los otros van a parar, lo creen albanés. Hasta que el asunto se aclara. El padre es un empresario, tiene empleados extranjeros, supone que basta con darles un sueldo. Pero cuando se reencuentra con su hijo, debe darle la mano al chico que lo salvó. Por primera vez realmente habla con extranjeros. Muchos no saben, pero esos inmigrantes ilegales a veces son doctores, ingenieros navales, a quienes la necesidad obliga a cosechar tomates en Sicilia o cosas por el estilo.
P.: ¿Por qué el policía de «La mejor juventud» decide tomar la inesperada decisión que toma?
A.B.: Ah, siempre me lo preguntan. Pero eso lo sabe usted, lo sabe la señora de al lado, lo sé yo, cada uno tiene su interpretación, y yo prefiero que cada uno tenga la suya, antes de obligarlo a tener una sola. Es la riqueza, es el dolor, el reclamo, y el misterio del personaje que uno encarna, pero que el espectador termina interpretando dentro de sí.
Entrevista de Paraná Sendrós


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