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Pinamar: predominio de films con temas sociales en el inicio
«Muchas felicidades por esa película argentina que también es un poco española, y que hubiera ganado el Goya a mejor española, si no fuera tan argentina», saludaba el histórico Méndez Leite hijo, conductor de la Escuela de Cine de Madrid y del Festival de Cine Español de Málaga, haciendo para éste «una invitación teórica, fíjese que digo teórica». Es que el próximo encuentro malagueño viene con presupuesto reducido, pero el humor y las buenas maneras son lo último que se pierde. Algunos temen, sin embargo, que en el 2011 la reducción caiga sobre las películas latinoamericanas, incluso argentinas, pese a tantas protestas de amor eterno.
Con los saludos, el hombre trajo las ganadoras españolas del 2009. Premio mayor, «La vergüenza», de David Planchell, obra de ascendencia teatral, es cierto, pero de trascendencia universal. Refiere el caso de adopciones truncadas.
La película toca varios puntos sensibles, y permitió largas discusiones en el público. También para discusiones, «Eva y Lola», de Sabrina Farji, con Celeste Cid y Emme, cuyo tema es el descubrimiento de la verdadera identidad por parte de una chica adoptada en circunstancias harto irregulares. Luces y sombras: charlando años atrás con un nieto recuperado, la directora le preguntó «¿Cómo podés seguir visitando a tu apropiador?». La respuesta le hizo temblar los cimientos: «Si tu hijo mata a tu padre, ¿no irías a visitarlo a la cárcel?».
Más polémica: «Paco», de Diego Rafecas, con Tomás Fonzi, Norma Aleandro y Esther Goris, imagina el vía crucis de una senadora que, sólo cuando le toca de cerca, descubre de veras el drama de las Madres del Paco, y se convierte en una de ellas. «Investigué, pedí asesoramiento a las Madres, a un cura, una psiquiatra, una amiga que vendió el cuerpo toda la vida, son situaciones mayormente reales», destacó el autor, eludiendo reflexiones abstrusas: «No somos políticos ni investigamos a quién le sirve que tantos jóvenes se destruyan. Mi hermano es juez, y no sé si puede hacer algo. Lo que sé es que en las favelas, al que agarran vendiendo bazucos, como le dicen, los narcos directamente lo matan. No por una cuestión moral, sino porque el residuo anula definitivamente a los chicos. A ese punto se está llegando».
Un descanso, en cambio, la charla de Alejandro Malowicki, que presentó «Las aventuras de Nahuel», una mezcla inhabitual de títeres y dibujos. «Aparentemente, por la reacción de los chicos, parece que funciona», se ufanó, destacando que en estos momentos se ruedan once películas nacionales para niños, una cifra hasta hace poco impensable, y que ahora saldrá a la lucha por un lugar en el mercado. «Lo que importa del cine para niños es que la historia les guste y que vos se la cuentes bien, y con cariño, con talento. ¿Sabemos contar historias? ¿Queremos a los niños? ¿Le estamos hablando con nuestro cine a nuestra infancia?». Preguntas que dentro de poco deberán encontrar una respuesta.
A señalar, también, «La hora de la siesta», de Sofía Mora, que logra debidamente el clima ominoso que se propone para referir el fin de la infancia, una tarde de duelo familiar (la directora prefirió quedarse con su hijo de cuatro meses, «ella tiene un master en perfil bajo», explicó su marido, el cineasta Néstor Frenkel).
* Enviado Especial


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