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Piñera apura la privatización del cobre y desata una tormenta política
LA CONCERTACIÓN Y LOS SINDICATOS, EN PIE DE GUERRA. EL MINERAL REPRESENTA EL 40% DE LAS EXPORTACIONES
Sebastián Piñera recibió ayer al jefe del Ejército, Óscar Izurieta. El encuentro fue protocolar, pero no por ello dejó de tener sustancia. Izurieta dejó en claro cuáles son las duras condiciones que las FF.AA. ponen para renunciar a los ingresos que la ley les asegura sobre la explotación del negocio del cobre.
«Nuestra posición es que Codelco sea ciento por ciento estatal», afirmó el actual ministro de Minería, Santiago González, tras participar en una reunión de gabinete en La Moneda. «Nosotros pensamos que la empresa puede perfectamente seguir desarrollando su trabajo y puede seguir aportando a Chile lo que ha aportado en los últimos años en la condición y situación en que está», argumentó González.
«No nos olvidemos que Codelco aportó, en promedio, los últimos cuatro años entre 6.000 y 7.000 millones de dólares, lo que es una cantidad tremendamente importante, ¿que empresa alguna en este país había aportado tanto al Estado?», dijo.
«Gracias a esos recursos se pudo fortalecer la red de protección social de la presidenta Michelle Bachelet», añadió y consideró que «por lo tanto, no compartimos la opinión de que esta compañía, para ser más eficiente, tiene que incorporar capital privado».
En uno de sus primeros anuncios tras ser elegido presidente de Chile, Piñera anunció que hará «cambios profundos» a Codelco, la mayor productora mundial de cobre, recurso que da cuenta del 40% de las exportaciones del país y que ni siquiera el régimen militar (1973-1990) osó privatizar.
Codelco «dejó de ser la empresa de cobre más grande de Chile; fue superada por la empresa privada y necesita un salto adelante», indicó Piñera. El dirigente conservador explicó que los recursos para las modificaciones «van a ser provistos por el Estado, ya que «cualquier participación privada requiere una reforma constitucional, así que deberá ser fruto de un diálogo de la sociedad chilena».
Piñera carece de una mayoría legislativa para incorporar capitales privados a Codelco, pero dijo que es una posibilidad si hay un «diálogo amplio» con la Concertación.
Codelco, principal fuente del fisco chileno, tiene en total unos 60.000 trabajadores, 27.000 de ellos de planta, con sueldos promedios de unos u$s 4.000, por lejos los más altos del país, aunque en línea con los salarios de la minería privada.
La fortaleza de sus sindicatos quedó reflejada en la reciente huelga de dos días que a inicios de enero protagonizaron unos 5.600 trabajadores del complejo de Chuquicamata. El conflicto, que produjo pérdidas diarias de u$s 8 millones, finalizó con un incremento salarial del 4% y el pago de un bono especial a los trabajadores.
En ese sentido, los sindicatos de Codelco se declararon ayer «atentos» a la ofensiva de Piñera, aunque creen difícil que el nuevo presidente pueda introducir cambios bruscos.
«Estamos entre tranquilos y preocupados, pero creemos que no sería una buena política meterle mano a Codelco», señaló el dirigente Jaime Graz. «Es muy difícil que se hagan cambios inmediatos. Creemos que esto va a ser pausado. A los trabajadores nos avalan los contratos colectivos, pero si éstos se tocan, la dirigencia hará lo que tiene que hacer», amenazó.
«El movimiento sindical, además de defender los derechos laborales, tiene la obligación de defender el patrimonio del país. El cobre, la empresa minera del Estado, es un patrimonio de Chile», dijo Arturo Martínez, presidente de la multisindical Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
«Si cumple con su programa de Gobierno, va a haber problemas, eso es seguro», dijo Héctor Roco, vicepresidente de la poderosa Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), que agrupa a 18.000 trabajadores y nombra a dos directores de Codelco.
Abiertos al diálogo
Codelco nació de la nacionalización de las mineras a fines de la década de 1960 y principios de los 70 y su privatización nunca fue propuesta por ninguno de los gobiernos posteriores, que se beneficiaron de los ingresos del cobre.
El nuevo presidente, quien asumirá en marzo, dijo al final de su campaña que no se relacionará con las «cúpulas sindicales», sino con los trabajadores, generando molestia en la CUT, que apoyó en la segunda vuela electoral a su rival, Eduardo Frei.
Los empleados del Gobierno plantearon ayer, en tanto, su preocupación por eventuales despidos en el sector cuando cambie el presidente, porque muchos funcionarios no tienen contratos indefinidos. Por ahora, los dirigentes han manifestado que están abiertos al diálogo con el nuevo Gobierno, pero anticipan movilizaciones.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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