19 de noviembre 2013 - 00:00

“Pinta” de Nueva York cerró una edición exitosa

La feria de arte latinoamericano Pinta Nueva York cerró el domingo con buenas ventas. Entre ellas, las fotos de la inolvidable performance que en los años 60 Marta Minujín realizó en el Moma, adquiridas por el curador del departamento latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Luis Pérez Oramas.
La feria de arte latinoamericano Pinta Nueva York cerró el domingo con buenas ventas. Entre ellas, las fotos de la inolvidable performance que en los años 60 Marta Minujín realizó en el Moma, adquiridas por el curador del departamento latinoamericano del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Luis Pérez Oramas.
Nueva York- Con un nuevo perfil y buenas ventas, el domingo por la noche cerró sus puertas Pinta, la feria de arte latinoamericano. Es preciso aclarar que una feria de arte -en cualquier lugar del mundo y más aún en Nueva York-, es un proyecto de largo plazo. Aquí demanda años consolidar un nombre y, sobre todo, la confianza de los actores del mundo del arte. Pero esta séptima edición brindó la oportunidad de apreciar buen arte y de indagar en el espacio Forum, a cargo de Gabriela Rangel, directora de Artes de la Americas Society, cuáles son las ideas que circulan por la región.

Para comenzar, el espacio que ocupó Pinta, un edificio industrial del siglo XIX en pleno corazón del Soho cambió, desde la fachada, la estética de una feria que puso el acento en la calidad del arte que exhiben las galerías, los proyectos especiales y espacios institucionales. En este sentido, el director de Pinta en Nueva York, Diego Costa Peuser, quien por primera vez afronta el desafío en soledad y sin compartir responsabilidades, fue en busca de los teóricos en arte latinoamericano más eficientes, de aquellos que más allá de las modas, le aseguraran la excelencia. Por supuesto, los resultados suelen ser impredecibles, pero en este lado de América hay gente con experiencia probada.

Para comenzar, la feria tuvo dos estrellas, José Roca y Cecilia Fajardo. Roca, curador de América latina en la Tate de Londres, presentó Pinta Emerge, una selección de ocho artistas cuyos trabajos giran en torno del tema de las ruinas, de los despojos heredados de la modernidad. El proyecto Emerge, patrocinado por Arcos Dorados becó a un artista para realizar una residencia en Flora, la institución creada por Roca en Colombia. Allí estaban entre otros, Manuela Ribadeneira, con su galería paulista Casa Triangulo, y Laura Oblitas, que ganó la residencia.

Para celebrar el fin de una buena feria, Costa Peuser informó que tres grandes empresarios (un banco entre ellos) le propusieron participar de la Pinta. "Les parece una muy buena manera de acercarse a Latinoamérica", agregó Costa Peuser. Desde luego, los inversores tienen en cuenta que el arte puede abrir todas las puertas y suele brindar oportunidades insospechadas. Cuando compró Christie's, François Pinault, lo dijo con claridad: "Es un buen lugar para hacer negocios".

Entretanto, a cargo de la curaduría de Pinta Modern, Cecilia Fajardo hizo un gran trabajo. Daba gusto descubrir en el segundo piso artistas como Margarita Paksa y Marie Orensanz o los diseños de moda de Delia Cancela, artistas que atrajeron a los compradores que tienen en la mira el ojo y los recortes históricos de las grandes instituciones del Norte. Este año en la feria porteña ArteBA, la Tate de Londres se llevó la documentación del "Partenón de libros" de Marta Minujín. No resulta extraño, dado el antecedente, que el curador del departamento latinoamericano del Museo de Arte Moderno de NYC, Luis Pérez Oramas, fuera directo a comprar las fotos de la inolvidable performance que en los años 60 Minujín realizó en el Moma. Con buen criterio, el galerista venezolano Henrique Farias puso estas imágenes frente a sus ojos. Las fotos en blanco y negro muestran a nuestra artista con el rostro maquillado como un cuadro de Picasso, audaz y provocativa. También pertenecen a esa década los minuciosos dibujos de Eduardo Stupia de la galería Cecilia Torres.

Como anticipó este diario, una de las estrategias de Pinta fue presentar algunos artistas que todavía permanecen ocultos o son poco conocidos. Así, un poderoso coleccionista de Perú voló a Manhattan para buscar la obra del poeta y artista Jorge Eielson y se llevó toda la que había en el stand.

Otra novedad en esta feria fue Pinta Editions, la sala dedicada a los libros de arte latinoamericano que no se consiguen en las librerías de EE.UU. La idea fue de Gabriel Pérez Barreiro, curador de la colección Cisneros, y la Fundación Proa de patrocinó el proyecto, además de proveer una nutrida selección de publicaciones.

Para contribuir a afianzar el mercado del videoarte, el curador Octavio Zaya presentó un espacio dedicado a esta disciplina. Y para sorpresa de los propios organizadores, la plataforma resultó un éxito de mercado: varios de los videos acabaron por venderse en precios que rondaban los 15.000 dólares.

La plataforma dedicada al arte contemporáneo, según contó el galerista argentino Gonzalo Vidal, no tuvo la misma suerte con las ventas. El arte emergente (allí también estaban Hache y Rea) demanda sin duda un trabajo extra para posicionarse. La argentina Arte x Arte llevó las fotos de Luis González Palma, quien convirtió en una marca sus colores ocres y el tema de la victimización.

El tema de la inserción de Latinoamérica en el circuito internacional dominó los discursos de los curadores cuando presentaron sus propuestas. Desde luego, el arte de la región está mejor posicionado que hace unos años, pero si se observa el mercado del arte como un indicador del interés que suscita y se lo coteja con el de Europa y EE.UU., es posible percibir una distancia que hasta hoy es insalvable.

Como bien se sabe, el "Arte" con mayúscula fue durante siglos el de Europa. Recién en la década del 60 con una brillante estrategia política y mucho dinero invertido en instituciones que legitimaban a sus artistas, EE.UU. comenzó a integrarse a la historia de ese "Arte" privilegiado. Cuentan que Iliana Sonnabend, la mujer del genio de los galeristas neoyorquinos, Leo Castelli, había dicho: "Si vamos a hacer política, hagámosla, pero de primer nivel". El esfuerzo rindió sus frutos: Robert Rauschemberg ganó el León de Oro de la Bienal de Venecia.

El arribo de la mundialización provocó cambios rotundos, pero con una política similar a la de EE.UU., Brasil ha puesto a sus artistas en el candelero.

Hoy, los neoyorquinos y la extensa comunidad latinoamericana, se muestran cada año más sensibles a las expresiones más sofisticadas y complejas del arte de la región. No es fácil concertar una cita con quienes cuentan en este ámbito, pero Pinta NYC es un espacio que se valora, los compradores saben que no los van a empalagar con el folklore y la tipicidad.



* Enviada especial

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