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PJ: Moyano negocia, pero no calma a sus críticos
Hugo Moyano, Baldomero Álvarez, Raúl Pérez, Pablo Bruera
El último en hacerlo fue el jefe del bloque de Diputados del FpV bonaerense, el platense Raúl Pérez, que consideró «demasiado» que el camionero esté al frente del peronismo de Buenos Aires. Moderó su crítica al elogiar que el sindicalismo respalde al Gobierno.
Pérez reporta, luego de algunos coqueteos en otros campamentos, a Daniel Scioli. Sus objeciones, aunque personales, pueden traer eco. Además, el platense tiene, en el bloque K, a uno de los principales escuderos del moyanismo, Jorge Mancini, del gremio de trabajadores de la CEAMSE.
El diputado se suma, con sus críticas, al malón de dirigentes que con distinta intensidad objeta la jefatura de Moyano en el PJ y, sobre todo, sus modos. Baldomero «Cacho» Álvarez fue uno de los portavoces más brutales. También Jesús Cariglino de Malvinas Argentinas.
El alcalde de La Plata, Pablo Bruera, castigó con dureza al camionero y se sumaron, luego, otros caciques del G-8 como Sergio Massa y Luis Acuña de Hurlingham. Eso se potenció luego de la cumbre de octubre pasado en la que el camionero sesionó con un quórum incierto.
Gesto
El sindicalista, poco afecto -y poco entrenado- en la construcción de consensos, comprobó aquel atardecer que su convivencia en el partido sería accidentada si no establecía algunas pautas básicas de conciliación y envió, con extrema reserva, señales acuerdistas.
El éxito de esa maniobra se verá en la cumbre programada para el 19 de noviembre, en Mar del Plata, próximo encuentro del partido. Moyano, que tiene como su operador principal a Omar Plaini, quiere evitar que se repita la foto del vacío de la cita anterior.
Pero aparece, en el horizonte mediato, un conflicto: en la reunión del 26 de octubre, además de sesionar con quórum discutible, Moyano propuso que Plaini asuma como consejero sindical para ocupar el lugar que él dejaba para hacerse cargo de la presidencia.
Ese procedimiento es cuestionado dentro del partido porque, dicen, transgredió la Carta Orgánica ya que, con Plaini, el consejo pasa a tener 6 consejeros gremiales cuando, por la normativa partidaria, debe tener 5. «Sin quórum, modificó la Carta Orgánica que sólo puede cambiar el congreso» dijo, ayer, un delegado del PJ.
Por lo tanto, es probable que deba darse marcha atrás con aquella resolución. Como eso implicaría que Plaini pierda su butaca, algo que Moyano no está dispuesto a hacer, una alternativa es que alguno de los consejeros sindicales renuncie a su cargo en el organismo partidario. Todas las fichas apunta a Miryam Lomonaco.
Si esa dirigente marplatense -que se vincula a un colaborador del camionero- libera un lugar, Plaini podría asumir y respetar el esquema de cinco representantes de la rama sindical. De todos modos, cerca de Moyano hacen otra interpretación y consideran que la jura del canillita fue correcta.
Citan, como argumento, dos casos, ambos vinculados a Eduardo Duhalde, que competía por la jefatura del partido pero luego la delegaba en su vice. En los 90, lo hizo para transferírsela a Alberto Pierri que, al ascender, permitió la jura de Antonio Arcuri por la Tercera.
Repetición
En 2004, repitió la jugada: se hizo votar, pero delegó las funciones en José María Díaz Bancalari que al ocupar la presidencia, despejó un sillón para que asuma Julio Pángaro en representación de la Segunda Sección, por la que ingresó Bancalari.
Pero los refutadores anti-Moyano se guardan una espada más: Duhalde, precisan, renunció a la presidencia y por eso se tuvo que completar la integración del partido. En cambio, Alberto Balestrini está con licencia por lo que la asunción de otro consejero no corresponde.
Ese debate no se resuelve en el juzgado de Humberto Blanco ni en una conferencia de juristas, se salda en una mesa de negociación política. Antes del 19 de noviembre, Moyano deberá dar señales de si tiene, o no, voluntad de sentarse a diseñar una solución.


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