En Argentina y en el resto del mundo, existe un aumento de la población de adultos mayores y se prevé un crecimiento para las próximas décadas. Aunque el incremento de la esperanza de vida representa un gran logro para la humanidad, el resultado de este proceso en el que la vida se prolonga y la gente tiene menos hijos, el envejecimiento poblacional resulta un fenómeno inevitable y creciente. Dicha tendencia se ha acelerado en los últimos 20 años, lo que muestra que las personas mayores son el grupo poblacional de más rápido crecimiento. En el marco del Día Mundial de la Población, que se conmemora hoy, la profesora María Dolores Dimier de Vicente, del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, elaboró un informe sobre el crecimiento de la población. “Las proyecciones hacia el año 2050 indicarían que el porcentaje de personas mayores de 65 años será de 19% del total de la población, convirtiendo a la Argentina en una economía envejecida, conforme a los otros países de América Latina”, sostiene el informe. En Argentina, el envejecimiento demográfico es una tendencia lenta pero sostenida que se observa desde la década de 1970, fenómeno denominado como invierno demográfico, y en la actualidad atraviesa una etapa de envejecimiento moderadamente avanzada.
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Población argentina: crece la cantidad de adultos mayores
Según un informe, para el año 2037, el país tendrá una economía envejecida, conforme a los otros países de América Latina.
Según el INDEC, en ciudades como Capital Federal u otras urbes del país (Santa Fe, Córdoba, Mendoza) se registra también envejecimiento por la cúspide debido a un aumento considerable de la esperanza de vida. Particularmente la Ciudad de Buenos Aires contiene la densidad de población adulta mayor más elevada de todo el territorio y alcanza el 21,1% del total. Con el envejecimiento surgen también nuevas realidades en la vida familiar de las personas mayores. Por ejemplo: hijos adultos que habitan prolongadamente bajo el techo de sus padres sin lograr la emancipación (“fase de crianza prolongada”, también llamada “adultez emergente”); hijos adultos mayores que cubren las necesidades y cuidados de sus padres muy ancianos; abuelos que cumplen con funciones de crianza y tutela de menores; hijos adultos que se cobijan en el hogar paterno luego de una crisis de la familia de la generación más joven.
Resulta importante señalar que la pérdida de independencia y autonomía es una de las más relevantes diferencias entre los adultos jóvenes y los adultos mayores. Argentina se encuentra entre los índices más bajos de dependencia (7,3%) de América Latina.


