5 de marzo 2009 - 00:00

¿Podría ir preso?

Manifestantes sudaneses realizaron bailes tradicionales en Jartum, en honor al presidente Omar al Bachir, a quien rindieron tributo. Hubo masivas manifestaciones en repudio a la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional.
Manifestantes sudaneses realizaron bailes tradicionales en Jartum, en honor al presidente Omar al Bachir, a quien rindieron tributo. Hubo masivas manifestaciones en repudio a la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional.
La Haya/Jartum - El presidente de Sudán, Omar al Bachir, ya dejó bien claro lo que piensa de la orden de captura emitida hoy en su contra: «¡Se la pueden meter donde mejor les quepa!», bramó ante una multitud que se manifestaba en su apoyo casi al mismo tiempo en que la Corte Penal Internacional (CPI) daba a conocer su decisión.
Pero no parece que el problema pueda desaparecer de un modo tan sencillo. Junto con el pedido de captura por crímenes de guerra y lesa humanidad en Darfur, la CPI reclamó al Gobierno en Jartum que Al Bachir sea extraditado a La Haya. De no cumplir el requerimiento, el caso sería elevado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ante esas condiciones, el «caso Bachir» puede alcanzar las dimensiones de un conflicto internacional. Con todas las consecuencias añadidas que temen cooperantes, diplomáticos y las tropas de paz de la ONU y la Unión Africana en Sudán. Nadie cree que el mandatario se someta por propia voluntad a una prisión preventiva en el barrio Scheveningen de La Haya, donde podría ser vecino del ex general servio-bosnio Radovan Karadzic o del ex dictador liberiano Charles Taylor.
A fin de cuentas, Al Bachir tiene el apoyo del poderoso aparato estatal: «A aquel que intente cumplir la orden de captura le cortaremos las extremidades», amenazó ayer en Jartum el jefe de los servicios secretos, Salah Gosh.
Pero el presidente sigue teniendo sobre todo muchos aliados en el extranjero: El gobierno de Libia, que preside actualmente la Unión Africana (UA), advirtió que hasta 37 países, sobre todo africanos y musulmanes, podrían dejar de reconocer a la CPI por su persecución al sudanés.
En ese caso, el asunto podría llegar antes o después al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York. Sudán puede fiarse allí de Pekín, un poderoso aliado. En los últimos años, ningún país ha sabido aprovechar intereses económicos en África tanto como China, que tiene invertidos en Sudán miles de millones para comenzar a explotar las formidables reservas petroleras del país.
Según el Estatuto de Roma, en el que se basa la CPI, el Consejo de Seguridad puede suspender la orden de detención por un año, medida sujeta a sucesivas postergaciones. China y Rusia estarían bien dispuestas a hacerlo, pero las otras potencias con poder de veto (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) lo rechazan. Tampoco está claro si los países de la UA que hasta ahora hicieron lobby por postergar la detención siguen respondiendo a Al Bachir: «Muchos, sin duda, comprendieron que la orden de perseguir al hombre más poderoso del país más grande de África contó con el apoyo del nuevo Gobierno en Washington», sugiere un diplomático en La Haya. «Es evidente que el presidente Barack Obama está detrás de la decisión».
Por ello, varios analistas ven probable que tras una señal unívoca de La Haya, los aliados de Al Bachir comiencen a abandonarlo. Entre tanto, los rebeldes en Darfur reforzaron su posición y no se descarta un nuevo enfrentamiento con las tropas del Gobierno. Ocurra lo que ocurra para poder poner a Al Bachir en prisión preventiva en La Haya, debe darse lo más rápido posible, advierte el fiscal general Luis Moreno Ocampo: «Y es que en Darfur mueren 5.000 personas al mes».

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