Polarización y contrastes en las subastas locales

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En el arranque de la actividad del año, en el ámbito de las subastas locales puede notarse la tendencia del mercado a una marcada polarización, con algunas pocas obras del segmento de precios altos y una gran mayoría en la más accesibles.

En esta semana, en el remate en Roldán de hoy, vemos un ejemplo de lo primero con "Paisaje de Ischilin ", de Fernando Fader, que sale a la venta con una base de 1.100.000 pesos, seguido por obras de Deira, Fader, Soldi yTorres García con bases de entre 300 y 400 mil pesos.

Apostando a la franja opuesta, Verbo presenta también hoy obras de pequeño formato y cuyas bases llegan a los 30.000 pesos en muy pocos casos, como en el de dos obras: "S/T y Paris", de Miguel Angel Victorica o "S/T" de Abraham Vigo, siendo el promedio de 8.000 a 12.000 pesos en obras de pequeño formato , algunos en papel y dibujos de grandes artistas entre los que se encuentran Libero Baadi, Pío Collivadino, Ricardo Carpani, Juan Battle Planas, Juan Carlos Castagnino, Rómulo Macció y Domingo Onofrio.

Algo similar viene ocurriendo en las subastas realizadas en el mes de marzo, donde se ve una clara tendencia a ofrecer obras cuyas bases van de los 6.000 a los 12.000 pesos, más allá de la cotización final en caso de que se hayan producido ventas.

En todo el mundo, el mercado del arte atraviesa un reordenamiento en la estrategia de comunicación y marketing para las obras de arte, que actualmente ofrece muchas ás opciones de inversión que hace veinte años. Hasta ese momento, las instalaciones, que recién entraban n la escena, sólo eran adquiridas por grandes corporaciones, estatales o privadas, generalmente con el objeto de ser exhibidas en lugares públicos, mientras que el grueso del mercado sólo manejaba pinturas, esculturas y obra gráfica.

Desde hace años, son aceptadas como nuevos soportes aptos para la venta a privados y pequeños inversores, con mayor variedad de tamaños, y precios, al igual que muchos objetos, instalaciones, videos, fotografías, cerámicas y hasta -en los megaprecios- tiburones disecados en un estanque y calaveras con diamantes.

También los graffittis son vendidos a coleccionistas privados y asegurados por cifras millonarias en EE.UU., Europa y Oriente.

Pero esta expansión es, en cifras grandes, sólo en un pequeño porcentaje de las obras que se venden, y en el hemisferio norte, donde incluso la gran mayoría de las obras no supera el medio millón de dolares.

Mucho más modesto es el panorama en nuestro país, donde los compradores cada vez más de jóvenes coleccionistas compran obras generalmente de artistas emergentes de la franja de precios más accesibles. El mercado del arte en Argentina es muy sensible a todos los vaivenes de la economía, a lo que se suma que está considerado como un bien suntuario, y gravado como tal.

La gran actividad que se nota en muestras y ferias de todo tipo es en gran parte el resultado de la tenacidad de sus protagonistas y la necesidad de expresión de los artistas, más que en la expansión del mercado o en el crecimiento en las ventas, pese al ya inobjetable valor del arte argentino como inversión de resguardo.

Por otra parte, los altos costos operativos de la actualidad que ha hecho desaparecer a muchas galerías, sumado a la insuficiente cantidad de operaciones locales, ha llevado a ver el mercado externo como la única alternativa de crecimiento, pero acceder a él es también costoso, y lleva tiempo y dinero que no siempre se recupera, aunque se trate de un producto artístico que ya demostró su valor en la escena internacional, tanto en museos ferias y bienales, como en las grillas de las casas de subastas más importantes del mundo, que avalan su cotización en Europa, Asia y Estados Unidos, los canales idóneos para llegar a ser -a los ojos de los inversores del resto del mundo- una apuesta más atractiva.

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