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Polémica liberación de la marihuana en Uruguay: ¿una ley que nace herida?
• Según expertos, la iniciativa no impedirá el consumo de otras sustancias
La iniciativa, impopular entre los uruguayos (63% está en contra), fue aprobada en la Cámara de Diputados con los votos justos luego de que el legislador Darío Pérez la respaldó por obediencia partidaria, pero advirtiendo que en diez años toda la bancada del FA iba a tener que responder por el fracaso de una ley mal diseñada desde su origen. Se refería así a los parámetros que se utilizarán para medir el éxito de la norma: reducción del consumo de sustancias duras, principalmente pasta base, y de los índices de criminalidad asociada a las drogas.
Esa misma postura es la que esgrimen los especialistas para quienes se trata de "matar una mosca con un camión" porque la cantidad de consumidores es poca y porque la regulación de una parte del mercado de las drogas no podrá poner fin al narcotráfico, un flagelo que según Mujica "es un monopolio de mafiosos".
Con la ley, el consumidor podrá adquirir 40 gramos de marihuana al mes, que sirven para armar unos 60 cigarrillos, es decir que el promedio de consumo planificado por el Gobierno es de dos porros por día. El precio de compra del cannabis -que se venderá en farmacias y será cultivado por empresas privadas- se estipulará en relación con el mercado negro (aproximadamente u$s 2,5 el gramo) para hacer atractivo el costo y evitar que los interesados emigren a la ilegalidad. Para Grimson, los parámetros establecidos podrían tener un efecto contrario y sumar droga al tráfico. "Todos sabemos que una persona que utiliza recreativamente la marihuana fuma medio porro por día. El que tenga más que eso, va a entrar al mercado negro", opinó.
Rossi, por su parte, marcó como débil el argumento de luchar contra las bandas narco. "Por cada kilo de marihuana que se vende, el narco gana u$s 300, mientras por cada kilo de cocaína la cifra asciende a 10.000 o 15.000", señaló, y sugirió que la delincuencia no sentirá un gran golpe con la pérdida de esos ingresos.
Otro punto cuestionado tiene que ver con la capacidad real del Estado uruguayo en la prestación de atención sanitaria pública a los consumidores y en la realización de óptimas campañas de prevención. "Uruguay no tiene centros de atención a las adicciones, no invierte en salud pública. Sí lo hace en investigación, pero no en asistencia", aseguró Grimson, quien subrayó que muchos pacientes uruguayos son remitidos a instituciones en la Argentina para recibir tratamiento.
Por el contrario, Vergara consideró que la flexibilización del consumo contribuirá a mejorar el acceso sanitario. "Se bajan las barreras que discriminan y estigmatizan a consumidores, lo que hace que el acceso y la disposición a acceder a servicios sanitarios sea mayor, y lo que se ahorra en perseguir a usuarios se puede invertir en políticas educacionales y sanitarias", afirmó.
Así, las inconsistencias en el fondo de la cuestión amenazan con convertir en un fracaso una medida innovadora en lo que se refiere a sus intenciones, ya que descriminaliza al consumidor y sugiere una respuesta superadora -aunque imperfecta- al evidente fracaso de la lucha armada contra el narcotráfico, además de ser el puntapié inicial para una legalización más amplia y abarcativa de las drogas.


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