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Por problemas, Gobierno sale de su sueño de verano
Las emanaciones en la planta de Botnia complicaron la estrategia de Cristina de Kirchner para desactivar los cortes, y el campo no termina de dividirse como esperaba el Gobierno.
Como si se tratara de un movimiento metódicamente planificado, el cruzada contra la pastera Botnia regresó ayer luego de meses a la Capital en forma de protesta y, desde el interior de Buenos Aires, la aguerrida CARBAP anunció para febrero un nuevo paro rural.
Es un desafío hacia los Kirchner. Los de Gualeguaychú combaten la ofensiva K, que comanda Sergio Urribarri, para levantar el corte de Arroyo Verde. Metió la cola la fortuna: la emanación del lunes reavivó en la ciudad el viejo fantasma de la contaminación.
Jamás tan inoportuna: el Gobierno, incluso contrariando su estrategia en La Haya, encaró una campaña pública contra los piquetes en Gualeguaychú con el argumento de los estrictos controles que regulan el funcionamiento de Botnia. La fuga hirió ese argumento.
Los asambleístas, convertidos en cruzados contra Kirchner, agitaron ayer la teoría conspirativa de que la Casa Rosada negocia con Montevideo el levantamiento del corte de la ruta a Fray Bentos a cambio de que Tabaré Vázquez retire su veto en la UNASUR.
Es una mirada inocente. Primero, porque Vázquez desconfía de los Kirchner -eso es recíproco- y no cedería por más que desactiven el corte; segundo, porque Montevideo se pone un precio más alto: más que al piquete, mira al dragado del Río de la Plata y del Uruguay.
De la quietud, y algún guiño de aval a los cortes -así se tradujo la presencia de Kirchner en el Corsódromo en mayo de 2006-, la embestida para despejar las rutas no hizo más que desatar otras pasiones: cortes en Colón y una amenaza permanente en Concordia.
Ayer, con su paseo crítico por la terminal de Buquebus y la Embajada de Finlandia (ver aparte), los asambleístas quisieron avisarle a la Casa Rosada que no se retirarán mansamente de la ruta.
Algo similar ocurre con el campo. La tregua que de manera unilateral dispuso el Gobierno con los chacareros -no con las entidades- recrudeció la resistencia de la dirigencia que ayer, desde Buenos Aires, fijó para fines de febrero el primer paro rural de 2009 (ver pág. 9).
Hay un dato sugestivo: la convocatoria a volver al lockout la hizo CARBAP, entidad central de CRA, cuyo titular, Pedro Apaolaza, estuvo días atrás con Daniel Scioli, y es de los dirigentes que rehúsan mezclar la protesta con la competencia electoral.
Versión
Además, ayer rondó una versión contaminada sobre la continuidad del ministro de Asuntos Agrarios de Scioli, Emilio Monzó, de buen diálogo con las entidades. El rumor -sin sustento- trasluce las diferencias en el oficialismo sobre cómo encarar el dilema del campo.
El mismo contexto explica la advertencia sobre la rígida mecánica para que los productores sean alcanzados por la emergencia agropecuaria. Guillermo Moreno, que jamás se apartó del reparto de forraje para los afectados por la sequía, será un inquieto comisario.
En Olivos, Cristina de Kirchner continuó ayer la caravana de anuncios presidenciales. En su disertación diaria, la Presidente obvió ambos temas. Pero en la intimidad de la Casa Rosada se prestó atención al alcance de la protesta de los asambleístas -hubo un tímido festejo por la presencia de partidos de izquierda- y se examinó la avanzada de CARBAP.
Aunque las entidades están divididas, las fisuras internas no alcanzan aún para abortar la amenaza de paro.
Otra vez, como ocurrió negativamente con Botnia, los Kirchner apuestan a la fortuna: que se cumpla el augurio paisano de que en febrero llegará, para algunos demasiado tarde, la lluvia que aplaque el descontento chacarero. El Servicio Meteorológico como política de Estado.


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