13 de noviembre 2009 - 00:00

Potente pesadilla retro de los males argentinos

Al igual que en «El niño argentino», en «Ala de criados», Mauricio Kartun juega sin inhibiciones con la historia argentina y la proyecta sobre nuestro presente con gran vitalidad y energía.
Al igual que en «El niño argentino», en «Ala de criados», Mauricio Kartun juega sin inhibiciones con la historia argentina y la proyecta sobre nuestro presente con gran vitalidad y energía.
«Ala de criados» Libro y Dir.: M. Kartun. Int.: A. Ajaka, E. Bigliardi, R. González Garillo y L. López Moyano. Esc.: G. Galán. Vest.: G. Fernández. Ilum.: A. Le Roux. (Teatro del Pueblo). 

«Ala de criados» es mucho más que el retrato burlón -aunque no por ello menos verosímil- de una época sacudida por grandes cambios y conflictos sociales y particularmente activa en el campo de la cultura.

Escrita con ingenio, desenfado y un sorprendente conocimiento del habla, la ideología y los hábitos de conducta que imperaban en la Argentina de los años 20, la nueva pieza de Mauricio Kartun se sirve del pasado y lo convierte en una suerte de pesadilla retro por la que circulan diversos males argentinos subrayados con humor.

Corre el verano de 1919 y tres jóvenes porteños, de familia acomodada, se refugian en Mar del Plata para esquivar las revueltas obreras que luego serán violentamente sofocadas durante la llamada «Semana Trágica». Hacen citas en francés, contaminan su discurso con palabras inglesas y también alardean de su estirpe criolla evocando la figura de su abuelo («El único varón de la familia que conoce el secreto profundo de las cosas: de dónde viene la plata y cómo se hace para conservarla»). En cierto modo parecen una caricatura de aquella aristocracia ociosa y decadente que habita en muchos de los relatos y piezas teatrales de Chejov.

Tatana (notable desempeño de Laura López Moyano) lleva la voz cantante en su doble rol de protagonista y narradora. Es culta, atrevida y piensa «como hombre» (tiene las agallas que a sus primos varones les falta). Emilito (Esteban Bigliardi) se comporta como un tilingo asustadizo y de modales afeminados. Con el correr de los hechos, irá mostrando su naturaleza brutal y su sadismo. Mientras que a Pancho (Rodrigo González Garillo) le preocupan más sus apremios homosexuales que los incidentes que se avecinan.

Para servir a estos «niños bien» está Pedro (Alberto Ajaka), empleado en el club de Tiro al Pichón y siempre disponible para todo servicio (incluyendo el rubro sexo) con tal de ganar dinero y ascender socialmente. Así se une a sus patrones en aventuras terroristas, pasatiempos deportivos y triángulos amorosos de los que saldrá escaldado; ya que, a diferencia de sus pares chejovianos, Tatana y sus primos se aferran con uñas y dientes a sus privilegios de clase.

Al igual que en «El niño argentino», el Kartun autor juega sin inhibiciones con la historia argentina y la proyecta sobre nuestro presente con gran vitalidad y energía. No juzga a nadie en particular, pero deja abiertos muchos interrogantes, sobre todo en lo referido al diagrama social de nuestro país.

Su puesta está respaldada por sólidas actuaciones y una eficaz articulación de los rubros técnicos. La escenografía de Graciela Galán (hábilmente concentrada en un gigantesco peñasco), el vestuario de Gabriela Fernández y la sugerente iluminación de Alejandro Le Roux, transportan al espectador en el tiempo.

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