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Premian un proyecto arquitectónico de Testa y Sevi
La nueva sede del Colegio de Escribanos, proyectada por Clorindo Testa y el estudio de Uriel Sevi fue distinguida con el Premio Década 2008 por el arquitecto portugués Alvaro Siza, como único jurado.
Pese a la diversidad de recursos que emplea para materializarla, la arquitectura de Clorindo Testa, tan única como exclusiva, se ha convertido en un mito de la arquitectura argentina. Más allá de las diferencias que median entre sus edificios, un común denominador los relaciona y trasciende la mera adopción de un lenguaje, según sucede con su obra.
El Colegio de Escribanos, ubicado en Las Heras entre Callao y Ayacucho, fue proyectado por Testa y Fontana como colaborador junto al estudio de Uriel J. Sevi, integrado por Guido Sevi, Osvaldo Bisso y Víctor Derka. «La historia del Colegio - moderno heredero de la institución del Notarius romano- cuyas raíces son las del país, y por su reconocida acción profesional y cultural, hace obligatorio que las necesidades materiales sean revalorizadas y resueltas a través de una imagen y diseño particularmente representativos, concretados con rigor», señalaron los diseñadores.
La obra se destaca tanto por su eficacia para la disposición de los espacios como por su imaginativa resolución. La idea de una única columna vertebral portante, para aprovechar al máximo las dimensiones de las plantas, y el uso de hormigón armado en la fachada de Las Heras, revelan el sentido de la libertad creadora que caracteriza al diseño. Los tres sectores que integran la obra son los espacios públicos en la planta de acceso y los primeros niveles; las oficinas en los pisos superiores y los servicios y cocheras, en tres niveles subterráneos.
La única pieza estructural visible es la columna central cilíndrica que se convierte en un pívot axial y otorga identidad al conjunto. «Esta columna central nos evitó un bosque de columnas en el interior del edificio, generando un espacio muy flexible y muy cómodo. Nos permitió, además, tener veinte metros de luz», señaló Sevi.
Los parasoles fijos de tubos de acero y chapas perforadas con forma curva, de la fachada que protegen del rayo directo, no impiden la vista al exterior. «Remedan -según Testa- el sentido de las históricas pantallas venecianas rebatibles que permitían proteger el interior de los edificios de la penetración solar». Por su parte, Sevi señaló que «sirven a la relación formal con el entorno edificado inmediato, como es el caso de los curvos balcones de la obra situada en la esquina de las avenidas Las Heras y Callao».
El nexo entre el nuevo edificio y la adusta sede tradicional es un patio interno y cubierto, en el que los puentes coloridos y las estructuras metálicas que se entrecruzan sirven como canales que encauzan la afluencia del público. «Una vez más los espacios rehuyen la formalización del orden tradicional arquitectónico para convertirse en paisajes. Ese carácter es acentuado por la oblicuidades que reaparecen incluso en las divisiones de oficinas de los pisos superiores», señaló sobre esta obra el crítico Alfonso Corona Martínez de la Universidad de Belgrano.
Aunque realizó algunas incursiones en el campo de la vivienda unifamiliar y reciclajes para instituciones privadas, su mayor aporte se ha dado en el de los edificios públicos (estatales y particulares), donde son más exigentes y perentorias las necesidades del espacio ético. El ha respondido siempre a esa necesidad con una imaginación desbordante, sólo se sujeta a los dictados de lo que nos gustaría llamar una conciencia urbano-arquitectónica de precisa solidez. Dueño de un audaz talento, una vigorosa imaginación creadora y una fina sensibilidad, sus construcciones hablan por él, y él prefiere que así sea. Al preguntársele que había querido decir con tal y cual diseño, respondió sin ironía: «Lo que quise decir es lo que dicen las obras que hice».
Pero es cierto que caracteriza a la obra arquitectónica de Testa la existencia de una idea matriz en cada diseño, y de otra, correlativa y tal vez más importante: que aquella idea matriz, al concretarse, resuma los aspectos plásticos, tecnológicos y de uso de los edificios, unidos de modo inescindible. Los diseños de Testa son las representaciones de un creador de espacios, en los que el hombre pueda desarrollarse en comunión con sus semejantes, aboliendo la soledad y el desamparo. En su caso, tanto el arte como la arquitectura son dos vías concurrentes de entendimiento y conocimiento, de expresión y comunicación. En el Colegio de Escribanos, en sociedad con Sevi, una vez más, la clave ha sido crear. Crear espacios estéticos donde el arte pueda vivir en el hombre y el hombre pueda vivir en la arquitectura.
Alvaro Siza, como testimonio de su crítica de por qué quiso premiar a este maestro de la arquitectura latinoamericana y a su socio Sevi, destacó la propuesta que plantearon los diseñadores «un espacio escultura, simbólico que presente el panorama histórico notarial y ejemplifique con elementos testimoniales de excepción desde Roma a nuestro días, la continuidad y la jerarquía institucional».
La obra ha sido valorada y reconocida por Siza en la séptima edición del Premio Década 2008, que distingue anualmente un edificio proyectado en los últimos diez años, en un concurso organizado por el arquitecto Carlos Sallaberry, decano de la Facultad de Arquitectura de Palermo.


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