Antes de que Xi comenzara su viaje, el diario estadounidense The New York Times aseguraba el fin de semana que Washington y Pekín negocian un acuerdo para comprometerse a no ser el primer país en utilizar armas cibernéticas contra el otro en tiempos de paz. Aunque considera las acusaciones de ciberespionaje de EE.UU. contra China como "infundadas", un editorial del diario oficial chino Global Times admite que las respuestas de Pekín no han ayudado a Washington, especialmente preocupado en el supuesto espionaje corporativo chino a través de la red, a disminuir su "paranoia".
Los dos países deben combatir la falta de confianza "a través de un intercambio de estrategias", dice Wang Dong, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Pekín, al admitir que "últimamente hay muchos desacuerdos" entre los dos países.
Además de la ciberseguridad, el Mar de la China Meridional, donde Pekín escala sus operaciones y construcciones en islas en disputa, como las Nansha/Spratly, que Filipinas reclama, es otro de los grandes escollos bilaterales, ya que Washington considera que Pekín lleva a cabo una política abusiva en esas aguas del Pacífico.
Una de las formas para generar confianza, señala Wang, es que los líderes se centren también en asuntos en los que mantienen posturas más próximas, como el cambio climático -sobre el que ya firmaron un señalado acuerdo el año pasado-, el pacto con Irán -apoyado con firmeza por ambos- o la desnuclearización de Corea del Norte.
En paralelo, Xi tratará de transmitir una imagen de fortaleza, sobre todo a su llegada a Seattle, su primera parada (entre ayer y el jueves 24), donde se reunirá con los gurús de la alta tecnología estadounidense y donde se espera que asista a un Foro de Internet China-EE.UU. La cumbre sería una ocasión de oro para el dirigente chino de mostrar el interés de las empresas norteamericanas en entrar en el país asiático, pese a las restricciones y la censura que impone Pekín. Igualmente, sus esperados encuentros en Seattle con el cofundador de Microsoft, Bill Gates, o con Howard Schultz, presidente de Starbucks, brindarán al dirigente la oportunidad de presumir del atractivo del país entre las firmas americanas.
Sería una forma de exudar confianza sobre el futuro del país, asegura David Bachman, presidente del programa de Estudios Chinos de la Universidad de Washington, "cuando parte de ella se ha disipado" por la ralentización de la economía china, recoge un artículo del diario South China Morning Post.
También de demostrar, por otro lado, que la economía china y la estadounidense "dependen mutuamente: si una va mal, la otra también", destaca Wang. Se espera que las finanzas, en particular las negociaciones por el tratado de inversión bilateral que los dos países discuten desde 2008 y que están casi completas, sea otro de los asuntos que Xi y su homólogo Barack Obama tratarán profusamente en Washington, sobre todo en el encuentro de índole más informal. En pleno tumulto bursátil y entre temores de que el país asiático no pueda cumplir su objetivo de crecer a un 7% este año, Xi deberá demostrar que el Gobierno chino controla la situación.
Si el ejercicio de confianza no funciona, las dos primeras economías mundiales, que, según dice el experto Jin Canrong, de la Universidad Popular "están más lejos ahora" que en el pasado viaje de Xi a EE.UU. en 2013, tendrán que calcular el gran coste que supondría una relación fallida.
| Agencia EFE |


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