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Prevén más controles
Robert Wood
Periodista: En la Argentina preocupa la desaceleración en Brasil. ¿Cree que pueda durar?
Robert Wood: Esta disminución en el crecimiento se concentró en el tercer trimestre del año pasado. Reflejó el endurecimiento de las políticas fiscales y monetarias de comienzos de 2011, que se pusieron en práctica como respuesta a los riesgos de sobrecalentamiento luego del año electoral, en 2010. Un interesante ciclo de tasas de menor ritmo comenzó en agosto y va a continuar hasta mayo, que servirán de base a una mejora en la economía este año. Los datos del PBI brasileño del cuarto trimestre que serán publicados el 6 de marzo probablemente evidencien una expansión del 0,4%. Estos incrementos llegarán a su pico en las próximas elecciones, en octubre de 2014. Así, si bien Brasil sólo crecerá un 3,3%, esta tasa se debe en parte a los efectos de 2011, pero para el cuarto trimestre de 2012 ya estará con crecimiento cercano al 4,5% o incluso más, en términos anualizados.
P.: ¿Cuál cree entonces que será la principal dificultad económica que enfrentará la Argentina durante este año?
R.W.: Las altas tasas de crecimiento que la Argentina tuvo en los últimos dos años, apoyadas en políticas macroeconómicas expansivas, darán lugar a un crecimiento anual del PBI del 3,7% entre 2012 y 2016, debido a que las distorsiones económicas determinarán la inversión. Este escenario se basa en que continuarán los altos precios de los commodities. Aumentamos un poco nuestra previsión para este año desde el 3,5% anterior al 3,8%, teniendo en cuenta una mejora en las perspectivas globales, con el crecimiento de China todavía firme y un Brasil más optimista. Sin embargo, esta tasa representa una fuerte desaceleración desde el 9% de 2011 y refleja el impacto de las recientes medidas de control en el mercado cambiario y los efectos del endurecimiento fiscal en el consumo. Los riesgos que prevemos para la economía argentina se centran en los efectos de los ajustes en curso pero también en los que pueda provocar la sequía y, desde el exterior, el impacto de un empeoramiento en la crisis en la zona del euro. Además, persisten las preocupaciones sobre las estadísticas oficiales en las que nos basamos para nuestras previsiones, tal como fue descripto en una nota reciente de la revista The Economist.
P.: Con una crisis cada diez años en la Argentina, algunos temen que estos ajustes que se empezaron a implementar traigan una nueva. ¿Podría ocurrir?
R.W.: La volatilidad en el mercado que surgió luego de los controles de fines de 2011 disminuyó en las últimas semanas. Sin embargo, los problemas estructurales que crearon ese nerviosismo no desaparecieron, pero el Gobierno está ahora abocado a la enorme tarea de reducir las distorsiones económicas luego de haberlas dejado de lado durante varios años, en particular la alta inflación, como también dar marcha atrás con las restricciones al financiamiento y ubicar al crecimiento en un sendero de largo plazo más sostenible. El problema que atraviesa el Gobierno es que ninguna de las alternativas
que lleven a restablecer las cuentas externas luce especialmente atractiva. Una posibilidad sería una mayor depreciación del peso en un intento de restaurar la competitividad de la moneda, pero a su vez incrementaría las presiones inflacionarias. También podría optar por frenar la inflación mediante un endurecimiento de la política fiscal, y esto provocaría una mejora de la competitividad del peso y de las exportaciones. Pero debido al debilitamiento de la demanda externa puede ser difícil de llevar a cabo. Por esta razón, y a pesar de que esperamos una moderación del gasto (que va en sintonía con la muy gradual reducción de los subsidios), también prevemos que el Gobierno dependerá más de los controles al comercio, capital y mercado cambiario. Lo hará con el objetivo de aliviar los problemas en la balanza de pagos.
Entrevista de María Iglesia


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