14 de diciembre 2012 - 00:00

Prima la cobardía

Prima la cobardía
Cuando por simple temor o por prudencia política una de las campanas calla (no importa su calaña), puede ser entendible que los medios de comunicación sólo presenten las noticias que emanan del más poderoso.

Pero la función del periodismo (máxime con internet) no es develar lo más rápidamente posible las noticias (lanzar primicias), sino sacar a luz y analizar los aspectos e implicancias más negativas y retorcidos que conllevan de esos anuncios (de resaltar los positivos -lo que se llama «propaganda»- se encarga el generador de la noticia).

Esta función es importante cuando se trata de una persona o sociedad civil, pero mucho más importante cuando «el poderoso» es un Estado -o uno de sus estamentos-, sobre todo los de tendencias fascistas. Aquí es cuando la prensa alcanza su mejor nivel al defender los valores republicanos y democráticos, o el peor al actuar como un mero correveidile o alcahuete del poder. Este comportamiento de los cronistas comerciales o periodistas del ámbito financiero puede ser por genuflexión, interés económico o, en el mejor de los casos, por ignorancia, pero lo que sin ninguna duda es, es un acto de profunda inmoralidad. Días atrás señalamos que el buen periodismo no es valiente ni honesto, sino coherente, pero esto no significa que el «malo», al callar lo que debe decir, no sea cobarde y corrupto. «Non omni eundem calceum induces pedi».

Tras seis subas consecutivas el S&P cedió ayer un 0,63 por ciento y el Dow retrocedió un 0,56% a 13.170,72 puntos. Alguno quiso culpar al «precipicio fiscal», pero curiosamente las primeras operaciones fueron ganadoras (a pesar de datos macro algo desilusionantes) y las noticias finales un tanto positivas (reunión entre republicanos y Obama). Conclusión: triunfó la cobardía.

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