PRO: ruleta de nombres para la elección en PBA

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• DEL "PRIMO" MACRI A PINEDO, LA VARIABLE MASSA, MICHETTI O ESTEBAN BULLRICH

Mauricio Macri pretende que, en 2017, su apellido figure en la cima de la boleta más caliente de la elección que viene: la de senadores y diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires.

Jorge Macri, su primo, intendente de Vicente López y presidente del grupo BAPRO, es el plan A para la determinante primera batalla electoral del PRO. En Casa Rosada y en La Plata, hay consenso en torno a ese nombre: no porque el alcalde sea un gran candidato per se sino porque es portador del apellido emblema.

Con manual peronista, Macri recurre a un formato muy usado: los Kirchner lo convirtieron en su marca de agua al punto que desde 1989 en adelante, en cada elección que participó hubo un Kirchner en la boleta, primero en Santa Cruz y luego a nivel nacional. La cábala se rompió en 2013 cuando Cristina de Kirchner bendijo como top de la boleta a Martín Insaurralde.

Eduardo Duhalde, entre muchos, fue otro de los que recurrió al apellido: en dos elecciones clave, la de 1997 y la de 2005, subió al ring a su esposa y la hizo perder. La hizo ganar en 2003.

Para 2017, sabedores de la trascendencia de ese turno electoral, Macri y María Eugenia Vidal sintonizan en la variable, a priori, más sencilla: recurrir a una marca -el apellido Macri- instalada, que según esperan llegará al año que viene con buenos índices y todavía como oferta de expectativas. A eso, además, se suma la pretensión de que tanto el Presidente como la gobernadora jueguen en la campaña como si en las urnas se plesbicitaran sus primeros dos años de Gobierno.

Derivaciones

Pero Jorge Macri no es el único nombre. Por un lado, porque no hay que apostar sólo a una figura y es conveniente tener mulettos. Por el otro, porque la elección es de senadores y de diputados, por lo tanto se necesitarán dos figuras potentes para encabezar las boletas.

A raíz de eso, en la mesa de arena del PRO aparecen otros nombres para jugar la batalla de 2017. Uno de los nombres es el de Gabriela Michetti, la vicepresidente, que en 2013 le dijo que no a Macri para bajar a la provincia. Recurrir a la vice podría ser un manotazo desesperado. En alguna grilla se menciona, también, a Federico Pinedo, presidente provisional, segundo en la línea de sucesión y senador por Capital aunque tiene domilicio en La Plata.

El cuarto nombre aparece en el radar motorizado desde la gobernación. Se trata del ministro de Educación Esteban Bullrich, que en 2011 fijó su domicilio en Junín, noroeste de la provincia de Buenos Aires, y que empezó a desarrollar una agenda en territorio bonaerense que, en el lenguaje de la política, se interpreta como un proceso de instalación y presencia. Esta semana, de hecho, Vidal compartirá una actividad con Bullrich que intervino, en persona, en la negociación con los gremios docentes que destrabó el inicio de clases en tiempo y forma.

El foco del PRO en provincia es obvio. Además de ser una de las principales vidrieras, es el territorio donde jugarán Sergio Massa y el peronismo tendrá su disputa de ordenamiento, quizá con Cristina de Kirchner en la tira, o con Daniel Scioli o Florencio Randazzo. Simple: además de ganar el primer turno electoral, el PRO tiene la oportunidad de enfrentar y derrotar a sus principales desafiantes de 2019.

En el menú de esa elección una tesis habla de un posible acercamiento entre Macri y Massa para que el tigrense sea su oferta bonaerense. Ese ensamble necesitaría una atmósfera política particular: el PRO muy necesitado, también que a Massa no le quede más opción que ser socio menor.

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