La estructura tributaria que la Argentina tenía entonces era muy floja desde cualquier punto de vista. Lamentablemente, lo sigue siendo hoy, y eso es parte del problema, porque no fuimos exitosos en la reforma que intentamos imponer. El problema era complicado, porque se habían tomado decisiones que inexorablemente iban a ser transitorias: retenciones, ahorro obligatorio, impuesto al cheque. Son las fórmulas a las cuales se recurre recurrentemente. El problema más irritante, para mí, era el papel fiscal que ocupaba el Impuesto a las Ganancias; en muchos países es del 10% o más, no del 3%. Ganancias estaba mal. Allí introdujimos cambios sustantivos, pero la recaudación ni se vio afectada.
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