Las chances de que prospere en el Senado el pliego para juez electoral de Laureano Durán para el estratégico juzgado federal de La Plata tienen pronóstico reservado. El Gobierno pisó el viernes el acelerador para nominar a un postulante de “consenso”, tal como había adelantado Ámbito Financiero cuando el Consejo de la Magistratura elevó al Poder Ejecutivo la terna de candidatos que encabezaba el magistrado de Dolores Alejo Ramos Padilla. A cargo de la incómoda investigación por espionaje ilegal y extorsión que la Casa Rosada pretende sabotear, jamás fue una opción para ser depositario del tribunal que tiene a su cargo la competencia electoral en el distrito más populoso y anhelado en materia de elecciones. Durán -fustigado por el macrismo cuando era oposición por haber sido designado temporariamente por Cristina de Kirchner para ese mismo cargo- terminó eligiéndolo entre el trío de mejores performances en el concurso, luego de no tener un candidato “puro” para postular. No será la resistencia a Durán la que puede frenar su designación formal, sino los vaivenes políticos a los que han quedado sometidos todos los pliegos que el Gobierno acumuló con la esperanza de que se cumplieran acuerdos con el bloque de Senadores que presidía Miguel Ángel Pichetto. Hubo una “minirrebelión” de senadores peronistas previa al salto de Pichetto como precandidato a vicepresidente de Mauricio Macri que había bloqueado una tanda de aprobaciones poco problemáticas. El Gobierno sumó audiencias públicas para tramitar más pliegos y el viernes último agregó un tribunal clave, mucho más relevante para la política que los anteriores. Ramos Padilla había cosechado 94 puntos en su examen escrito y sumó 89,50 por sus antecedentes, superando a Durán y al secretario del Juzgado Federal N° 3 de La Plata, Jorge Eduardo Di Lorenzo, que conformaban la terna aprobada por el Consejo. Sin embargo, Macri hizo uso de la facultad discrecional que le asigna la Constitución para elegir a cualquiera del trío aprobado por el órgano de selección y remoción de jueces. Finalmente, y pese a que un sector del Gobierno había evaluado como chance ungir a Ramos Padilla para sacarlo de Dolores y de la causa por el falso abogado Marcelo D’Alessio, primó la racionalidad estratégica y la lapicera de Macri rubricó el pliego de Durán, como era el plan original. Sin un postulante de “riñón amarillo”, al Presidente lo había condicionado el aval que le dio a Durán la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. A su vez, a la mandataria bonaerense terminó por convencerla la recomendación que, vía el ministro de Justicia provincial Gustavo Ferrari, le hizo el presidente de Boca Juniors, Daniel “Tano” Angelici. Durán no es un “línea Boca”, pero es un postulante con una meteórica carrera ascendente por ser bien conceptuado en las propias filas de la Cámara Federal de La Plata, un tribunal con peso propio. Por ese mismo motivo lo habían elegido los K como subrogante a fines de 2014. El PRO puso el grito en el cielo adjudicándole relación con el peronismo bonaerense vía una antigua relación entre el padre de Durán y el exministro de Justicia del kirchnerismo Julio Alak. Finalmente, y pese al pataleo, la elección transitó sin ninguna controversia y se terminó imponiendo Vidal sin cuestionamiento alguno al proceso y al rol de contralor judicial. Un fallo de la Corte Suprema especialmente dedicado a su situación lo obligó a una renuncia inmediata cuando pulverizó el sistema K de nombrar subrogantes. La parábola termina con la elección del Gobierno del mismo postulante a quien había batallado. No hay motivos tampoco para que el PJ vacile en aprobar el pliego, pero la teoría política de que con una elección en marcha no se prestan avales a jueces tan estratégicos hasta definir quién ocupará la Casa Rosada a fin de año parece primar.
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