Todos los pibes que se llamaban Torres en 1986 y que todavía no tenían apodo fueron atravesados por un partido que quedó en la memoria de los hinchas de Boca. Aquel 15 de junio, un desconocido Gustavo Torres anotó dos goles trascendentales con los que el xeneize agigantó el triunfo sobre Newell’s por 4 a 1 para ganar la liguilla que le otorgó un lugar en la Copa Libertadores. Ni el presidente del club sabía quién era. Pero desde entonces, los Torres ganaron un sobrenombre que se volvió un clásico: Tuta.
El diputado murguero que atajó en Sacachispas
- SU VIDA EN SOLDATI Y EL PRESENTE EN VILLA MARTELLI César Torres integra la Cámara baja de la provincia y este año intentará revalidar su banca desde Vicente López. Su pasado en Primera, el rol social en la infancia y la experiencia que le dejó su padre comunero.
En ese mismo año, César Torres era presidente del centro de estudiantes del colegio Mariano Acosta, donde cursaba tercer año. Tenía 16 años y ya contaba con el hito de haber juntado a 500 de los 3.000 alumnos para reparar los bancos, pintar las paredes y refaccionar los baños de la institución pública de Floresta. No tenía apodo, pero también jugaba a la pelota. Era arquero. El Tuta le quedaba al tono. Y en Villa Soldati ya lo conocían.
Atajaba en la Primera de Sacachispas, estaba a punto de fichar para Huracán, bailaba en la murga del barrio y su padre era consejero vecinal. Su apellido era popular en el complejo habitacional de más de 2310 departamentos. “Mi viejo siempre tuvo una mirada social, en el 81 armó la Unión Vecinal 25 de Mayo para que los pibes no estén solos en la calle. Los llevábamos a jugar a Sacachispas y a Parque Roca. Arrancamos siendo 60 y terminamos yendo a jugar todos los fines de semana en distintos rincones”, cuenta, en plural y con orgullo, César Torres, diputado de la primera sección electoral por Buenos Aires. El fútbol, el baile y la política eran sus pasiones. Según él, hoy lo siguen siendo.
Periodista: ¿Cuál fue la enseñanza que te dejó tu viejo para hacer política?
César Torres: Que todo lo que pasaba estaba en la calle. Él tenía una verdulería y los vecinos de Soldati a veces no llegaban a bancar el mes. Entonces mi viejo todos los viernes traía una determinada cantidad de cajones con mercadería y yo me iba a lo de los Ugarte, los Palumbo o los Urquiza y se los llevaba para que todos lleguen a fin de mes. En esa época pusimos un comedor comunitario y lo atendió mi mamá durante doce años. Recibíamos a 300 pibes por día y a 75 abuelos a la tarde.
P.: Hoy seguís bailando y desde hace ocho años integrás Los Viciosos de Villa Martelli. ¿Cuál es el rol social de la murga?
- T.: La murga es un club social sin espacio físico. Hace de contención de grandes y chicos. No discrimina por edad ni por sexo. En la murga tenés rol para todos. Nos pasó hace unos años cuando compramos una trompeta usada y uno de los chicos practicaba. Ahora tenemos seis trompetistas. Compartieron y se prepararon. Forma parte de la idea de contención con una salida para que la persona se sienta útil.
P.: Formás parte de Cambiemos, pero pareciera como que venís del peronismo...
- T.: Soy humanista y cristiano por definición y convicción. Adoro la vida. En mi casa se comía una vez al día y ya con la verdulería nunca nos faltó nada. Me acerqué al peronismo porque era el partido que más veía que estaba con la gente. Algo que, a partir de 2.000 dejó de pasar en muchos casos y que, en 2003, directamente se mercantilizó y se terminó con lo social y lo vincular. Al día de hoy me acuerdo de los 377 afiliados que tenía en Soldati porque el vínculo era distinto. Los Palumbo eran un matrimonio con cinco hijos y dos estudiaban. La conducta de saber qué le pasaba al vecino era algo cotidiano porque ahí teníamos que estar cuando cumplía años y no tenía para la torta o cuando se le moría un familiar.
P.: Pasaste del sur de la Ciudad a Vicente López... ¿Cuál es el logro que ves en estos ocho años de gestión?
- T.: En 2011 nos encontramos con un intendente con 24 años de gestión que había perdido el fuego sagrado de atención al vecino. Para nosotros fue una oportunidad maravillosa de poder estar en contacto permanente con la gente. La vereda, la seguridad… todo era un problema. Y nos hicimos cargo de todo eso. Jorge Macri se levanta y se acuesta pensando en gestión permanente.
P.: ¿Dónde lo notás?
- T.: No armó una universidad en Vicente López sino el polo universitario más importante de la provincia, con nueve universidades. El otro día le dije que se iban a acordar de él por las universidades. Llegamos con 99 cámaras y hoy hay 1500 y patrulleros en la calle. Por estar en la calle, entendemos los problemas de la gente. Por algo nos acompañaron el 64 por ciento de los vecinos.
P.: ¿Tenés intención de renovar la banca?
- T.: Sí, porque me siento muy bien y considero que hice bien las cosas. Quiero terminar de cerrar la ley de obra pública en la provincia, que ya tiene 68 años.
P.: ¿Qué se le dice al vecino que le está costando en lo económico?
- T.: Que cierren los ojos y se acuerden de la Argentina maravillosa que le contaban y cómo terminamos. Nos está costando mucho salir adelante pero es el camino sin atajos. Estoy convencido de que se puede. Necesitamos que la gente acompañe el sentimiento de ser argentino más allá de cuando juega la Selección.
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