29 de diciembre 2014 - 00:00

Púshkar, puerta al mundo musulmán y al induismo

Los ghats son las escalinatas rituales que ingresan al agua de ríos y lagos. En Púshkar, el lago homónimo recibe peregrinos en sus más de 50 escaleras sagradas.
Los ghats son las escalinatas rituales que ingresan al agua de ríos y lagos. En Púshkar, el lago homónimo recibe peregrinos en sus más de 50 escaleras sagradas.
 Púshkar es una pequeña ciudad del Rajastán, mucho más tranquila que otras del muy poblado noroeste de la India. Allí se encuentran templos brahmanes, aguas sagradas y brillan por su ausencia las bocinas de los riskchows -el transporte de pasajeros tradicional en esa zona de Asia- y los comerciantes amantes del regateo.

La ciudad, asentada a orillas del lago de Púshkar, es una de las más antiguas de India, es uno de los cinco lugares sagrados de peregrinaje de los devotos del hinduismo y está entre los destinos más frecuentados por los turistas extranjeros en su ruta por el Rajastán. Si bien la fecha de su fundación es desconocida, según la leyenda hinduista se la asocia con el dios Brahma.

El lago de Púshkar, con sus 52 ghats (escalinatas rituales que ingresan al agua), acoge a los peregrinos que se sumergen en él para bañarse en sus aguas sagradas. La ciudad posee infinidad de templos, la mayoría reconstruidos, puesto que muchos fueron destruidos por los musulmanes durante las conquistas del territorio. Tres son los de mayor relevancia, cada uno sobre la cumbre de los montes más importantes, y de ellos el más famoso es el Templo de Brahma, que data del siglo XIV y es uno de los pocos dedicados a esta deidad no sólo en el Rajastán, sino en todo el mundo. También se encuentra el famoso templo de Jeemata, cuidado por los parásara bráhmanas -miembros de la casta más importante de las cuatro sacerdotales existentes- durante los últimos mil años.

LA MEJOR ÉPOCA

Las viviendas de Púshkar están en la parte más baja de esta ciudad con forma de olla, rodeada de un cordón montañoso de baja altura. En el centro se encuentra el lago donde confluyen los peregrinos.

Para aquellos que quieran visitar el Rajastán, lo recomendable es hacerlo entre noviembre y enero, que son los meses con temperaturas más frescas y agradables -oscilando entre los 23 y 30 grados centígrados- ya que en ese estado el calor es siempre abrasador y en verano se sufren temperaturas de entre 40 y hasta 50 grados centígrados. Característico de la zona es su clima seco, por lo que por la noche refresca bastante y al mediodía las temperaturas llegan a semejarse a las de verano en la Argentina.

Se recomienda evitar los meses de julio y agosto, ya que es la estación de los monzones, y esta recomendación se aplica para todo el norte de India y de Asia.

A su vez, a mediados de enero se puede disfrutar de una tradicional celebración en la que los niños, entre las 5 y las 17 del día siguiente, remontan barriletes desde las terrazas de sus casas. Esta celebración, que se lleva a cabo desde hace muchísimos años en Púshkar y en todo el Rajastán convierte el cielo en un escenario bello y lleno de magia. Mientras, los adultos hacen pakoras (verduras fritas rebosadas con harina de garbanzo) de vegetales, de papa y de queso paneer en las calles y las reparten a los visitantes y curiosos. Todo el pueblo se reúne en las calles, en especial en las zonas de los bazares; mientras otros tocan música, el resto baila, los visitantes degustan las comidas típicas, el cielo se plaga de barriletes y las mujeres desfilan por las calles.

Como cada familia, según su casta, tiene su color de sari -lienzo de seda ligera que se enrolla al cuerpo y funciona como un vestido y es atuendo femenino tradicional en India, Pakistán e Irán- las calles siempre se inundan con una marea de sedas bermellón, amarillo, azul, verde y naranja. Al caer la noche, las calles siguen vivas, las cometas no descansan, el cielo se ilumina en forma intermitente con fuegos artificiales y la música continúa sonando hasta el alba del día siguiente.