Puyana: retrato de un clavecinista excepcional

Edición Impresa

Rafael Antonio Lázaro Puyana Michelsen, último discípulo vivo de la célebre Wanda Landowska, murió a principios de este mes en París, donde estaba radicado desde hace años. Tenía 81 años y era embajador cultural de Colombia. Nacido el 14 de octubre de 1931, a los seis años Rafael Puyana comenzó a tomar clases de piano en su casa familiar en Bogotá. A los 13 era un prodigio que empezaba a dar conciertos en importantes salas colombianas, pero para esa época escuchó algo que cambiaría su vida para siempre: una grabación pirata de la virtuosa Landowska tocando un clavecín. El impacto fue tan fuerte que Puyana empezó a tratar de convertir su piano en clavecín, cubriendo los martillos con papeles para que en vez de golpear las cuerdas sólo las arañaran. El experimento fue fallido, y muchos años después explicó en una entrevista que lo único que logró fue que su piano sonara como algún instrumento experimental preparado especialmente para John Cage.

No pasó mucho tiempo antes de que el joven Puyana entrara en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, en Boston, y luego la Hatt School of Music de Hartford. En ese momento tuvo acceso a un auténtico clavecín y decidió dedicarse tiempo completo a ese instrumento teóricamente perimido, pero que gracias al virtuosismo y dedicación de Landowska parecía poseer posibilidades sonoras aún desconocidas. Desde 1951 hata la muerte de la diva del clavecín, en 1959, Puyana tomó clases en la casa de Lakeville, Connecticut, de Wanda Landowska. Las lecciones continuaron en Paris, estudiando armonía y composición con la renombrada Nadia Boulanger.

Siguiendo los pasos de Landowska, Puyana logró presentarle al publico del siglo XX y XXI el potencial de este instrumento del pasado. En 1957, cuando hizo su debut en el Town Hall de Nueva York con un repertorio de Bach, Scarlatti y los menos conocidos compositores ingleses Martin Peerson, William Byrd y John Bull, el crítico Ross Parmenter de "The New York Times" elogió con entusiasmo el talento de Puyana, asegurando que el músico colombiano redescubría su instrumento al utilizar todo el espectro sonoro del clavecín, mezclando sutiles sonidos de pequeñas campanitas con vibrantes zumbidos misteriosos, además de imponer un ritmo impactante a cada pieza seleccionada. Un detalle que siempre los expertos alabaron en Puyana fue el ritmo de sus interpretaciones y, sobre todo, el afán por extraer cada sonido posible del clavecín, pero nunca haciéndolo por el efecto en sí mismo sino por la importancia que podía tener ese efecto en la pieza músical a interpretar.

Para lograr este conocimiento del clavecín y esta difusión de un instrumento casi desconocido entonces por audiencias modernas, Puyana se pasó años recorriendo salones y teatros de los Estados Unidos en su auto -un viejo Buick- en el que cargaba un clavecín construido según las minuciosas especificaciones tecnicas de Wanda Landowska.

De todos modos el sueño de Puyana era poder tocar un autentico clave del siglo XVIII. Logró esa utopia consiguiendo uno construido en 1740 por Hieronymus Albrecht Hass en Alemania, de tres teclados, con un timbre distinto cada uno, lo que garantizaba un rango tonal mucho más amplio que el de otros clavecines originales.

A lo largo de su carrera Puyana ofreció memorables conciertos de música de cámara junto a figuras legendarias como Yehudi Menuhin, Andrés Segovia y John Williams. No sólo siguió con su repertortorio de Bach y Scarlatti, sino que logró presentar música contemporánea compuesta especialmente para clavecín. Una de estas experiencias se puede escuchar en uno de sus mejores discos grabados con el guitarrista John Williams en 1971, "Music for guitar & harpsichord".

En esta y otras grabaciones Puyana no sólo dejó la sensación de viajar en el tiempo a través de la música, sino también la de unir la historia con el presente extrayendo con sonidos únicos que en muchos casos adelantaron el estilo de la música "ambient" y electrónica que estaba por venir. En síntesis, este virtuoso exploró como pocos lo novedoso que hay en lo antiguo.

Dejá tu comentario