13 de diciembre 2012 - 19:54

Que el necesario debate no opaque el objetivo de la unidad nacional

Que el necesario debate no opaque el objetivo de la unidad nacional
Nuestra Argentina cierra otro año de vértigo, con los altibajos que son ya característicos del humor nacional, un rasgo que denota tanto una intensidad muchas veces difícil de manejar, y que se presta a excesos de vehemencia, como la fuerza de una sociedad vital que ejerce sin complejos sus derechos democráticos.

Al compás de un mundo que no termina de recuperar el tono productivo, la economía local hizo un alto después de un período de expansión con pocos paralelos en la historia. Ese freno relativo hizo que volvieran a aflorar algunas tensiones sociales y políticas a un año de la contundente ratificación en las urnas de la presidente Cristina de Kirchner. El año 2013 que está a punto de comenzar será rico, podemos descontarlo, en claves que permitirán entrever qué destino aguarda a nuestro país en el mediano plazo.

INTENSIDAD

Los próximos meses serán intensos, polémicos e interesantes. La imposibilidad constitucional de una nueva reelección para la Presidente abre un escenario de incertidumbre política desconocido en la última década. En efecto, desde la asunción de Néstor Kirchner, en mayo de 2003, la posibilidad de una continuidad del ciclo político que se inauguró entonces siempre había estado latente. Eso ya no es así, a no ser que medie una nueva reforma de la carta magna.

Es difícil, si no imposible, encontrar a lo largo de la historia nacional procesos políticos que hayan durado más de una década. Diez años ha sido el plazo máximo que han permanecido en el poder Juan Domingo Perón (1946-1955), experiencia abortada por un golpe de Estado, y Carlos Saúl Menem (1989-1999).

La actual experiencia insumirá, en cambio, doce años cuando el actual mandato llegue a su término en 2015, un mérito sin dudas hijo de la restauración del poder presidencial que forjó Néstor Kirchner tras la dolorosa crisis de los años 2001 y 2002, algo que le reconocen incluso sus adversarios.

Pero algunos referentes del oficialismo han abogado por una reforma constitucional que habilite a Cristina de Kirchner para volver a someterse a la voluntad popular. La idea, sobre la que no se ha expedido la propia mandataria, será puesta a prueba en las próximas elecciones legislativas, cuyo resultado dará el veredicto sobre su viabilidad. Se trata, en todo caso, de un debate que se libra, como decíamos, con pasión pero siempre dentro de los márgenes de la democracia, toda vez que una modificación de las reglas de juego sólo podría darse en el marco que prevé la ley.

INCERTIDUMBRE

El país aguarda, mientras tanto, el destino que cabrá a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, cuya aplicación, al cierre de este Anuario, depende todavía, a tres años de su sanción, de los correspondientes pronunciamientos judiciales sobre su constitucionalidad.

Aunque nadie puede ignorar la envergadura de los intereses y de los principios que están en juego, se trata, otra vez, de un proceso que se da dentro de lo que establece la legalidad vigente, y nadie debe asustarse por la firmeza con la que todas las partes involucradas defienden sus posiciones. Pero la última palabra la tendrá probablemente una Corte Suprema respetada y, digámoslo una vez más, nada puede llevar a temer por el futuro de la libertad de expresión en la Argentina, un bien valioso reconquistado junto con la democracia en diciembre de 1983 y que no ha dejado de regir nuestras vidas desde entonces. También 2013 será el año en el que el panorama escampe en esta materia crucial, que hace al interés social en la existencia de un sistema de medios plural, trasparente en sus procedimientos y a salvo de posiciones hegemónicas que afecten una competencia sana en el mercado y en el debate de ideas.

El mundo, por último, representa otro gran signo de interrogación. La imposición de una economía cada vez más globalizada hace imposible que ningún país, y el nuestro, aún en reconstrucción, no puede ser la excepción, sueñe con un desarrollo que prescinda de su entorno. Los Estados Unidos todavía están sujetos a acechanzas, y la eurozona, otro vector clave, podría seguir mostrando dificultades todavía por algunos años. Es necesario precaverse de ese escenario y aplicar las políticas adecuadas, de modo que el país preserve las fuentes de trabajo recuperadas esforzadamente en los últimos años. El exterior es abundante en ejemplos de los peligros que permanecen para quienes no atinan a dar con un camino correcto. Así lo testimonia también nuestro propio pasado reciente.

La buena noticia para los próximos meses es, entonces, el esperado retorno de un crecimiento más robusto en China y Brasil, hechos que reflejan la creciente influencia de los países emergentes y que traccionarían nuevamente a la Argentina hacia una senda más positiva.

CONTEXTO

Aquella eventualidad, la de un contexto que vuelva a jugar a favor del país, sería deseable por partida doble. Por un lado, obviamente, garantizaría una mejor calidad de vida para todos los argentinos, especialmente para los más desfavorecidos, cuyas condiciones han mejorado pero deben hacerlo todavía más. Por el otro, ayudaría a recrear un ambiente de unidad nacional sobre el que hemos insistido enfática y repetidamente en estas mismas páginas a través de los últimos años, sin el cual ninguna empresa colectiva puede encararse con pretensiones de éxito.

Hay motivos más que sobrados para ser optimistas en el largo plazo. Es sabido que las tendencias actuales de larga duración juegan a favor de países como la Argentina, cuyos recursos naturales y humanos parecen destinados a hacer una importante diferencia. La cuestión pasa, entonces, por acercar ese horizonte y por maximizarlo en sus efectos virtuosos, algo a lo que una reforzada unidad nacional haría un aporte fundamental.

El que todos sigamos atados a un proyecto común, que nada nos separe de manera permanente y que logremos fijar metas políticas, sociales y económicas mínimas y consensuadas deben estar en nuestras mentes en las próximas fiestas a la hora de alzar nuestras copas. Por todo eso abogamos desde Ámbito Financiero. Felicidades, lector.

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