1 de octubre 2012 - 00:00

¿Qué pasa con el QE3 que no arranca? ¿Es que no sirve?

Barack Obama
Barack Obama
¿Por qué no tracciona la gran cruzada monetaria? ¿Por qué Wall Street pudo encaramarse a nuevos récords post Lehman y ahora que enfrenta un horizonte repleto de compras de bonos no logra sostenerse? ¿Es que el QE3 no sirve? Después de todo, Charles Plosser, presidente de la Fed de Filadelfia, lo dijo así con todas las letras. «No es apropiado ni es probable que sea efectivo», asentó por escrito. El QE3 se vendió como tabla de salvación y, hasta la fecha, apenas puede justificarse como un becerro de oro. ¿Hora de renegar de la fe? ¿Antes siquiera de encender los cirios?

No es que el QE3 no arranca como que la economía se hunde con rapidez. Se sabía de la debilidad, aunque a Wall Street, en su momento, no le importó. No se tenía noción, en cambio, de que era tan pronunciada -la revisión del segundo trimestre redujo el crecimiento estimado del PBI del 1,7% a un deshilachado 1,3%- ni mucho menos que balconeara a un probable barranco. El único abismo en ciernes, se creía, era el «fiscal cliff» el año próximo. Y ese agrio descubrimiento vino de la mano del QE3. En ese sentido es difícil criticar el manejo de los tiempos de la Fed. No puede decirse que peque de apresuramiento.

Antes que el «precipicio fiscal», ¿el precipicio de la inversión? La marcha de las órdenes de bienes durables instaló, esta semana, el interrogante. Los pedidos de bienes de capital se desmoronaron el 13,2% en agosto. La serie es una «proxy» de la inversión no residencial y de las expectativas de las empresas acerca del futuro de sus negocios. ¿Verán tan negro el horizonte? Desde enero de 2009 -cuando la crisis navegaba a sus anchas- que no se registraba un traspié tan profundo. Aunque la serie también es altamente volátil. Si se deja de lado el renglón de transportes, por ejemplo, la merma se rebaja al 1,6%.

Inquietud

Si lo que se quita son los ítems vinculados a la defensa, que con un triunfo de Barack Obama no tendrán demasiado recorrido alcista, la inquietud persiste con un bajón del 12%. ¿Será que en agosto ya las empresas adoptaron una estrategia defensiva en sus planes de inversión? Así parece. Que el informe Chicago PMI, de septiembre, sorprenda con una lectura de 49,7 que sugiere contracción regional realimenta la paranoia que echó raíces con el mal balance de FedEx y una seguidilla de «warnings» (alertas negativas) emitidos por media docena de compañías de primera línea. Los negocios no deben andar muy bien si el Chicago PMI anota su peor registro de los últimos cuatro años. O si las expectativas de utilidades por acción del SP500 para el tercer trimestre presagian una caída del 2% interanual. Todo esto, vale decir, antes de que el QE3 desembolse su primer dólar de compras.

¿Por qué las empresas se retraen? ¿Es por la menor demanda agregada? El QE3 llega entonces a buen puerto, puede incentivar el gasto por la vía de la mayor liquidez. Que la iniciativa no tenga límites de vigencia (ni de monto de adquisición de activos) garantiza un baño profundo. ¿Es por la incógnita de la carrera electoral? Ese mal se curará sólo. ¿O se debe a la incertidumbre por la carga impositiva y el abismo fiscal? Aquí ya no manda el QE3 sino la cintura de los políticos. Y no se abocarán a resolverlo sino después de los comicios del 6 de noviembre. La compra de bonos sí puede ayudar lubricando los tiempos de espera.

El QE3 no es la panacea pero tampoco enteramente un placebo. Una de las ironías de la crisis es que el sector que la disparó -la vivienda- es hoy uno de los manchones aislados de robustez. No sólo porque los precios comenzaron a subir a escala nacional (con rarísimas excepciones) sino porque los demás engranajes de la actividad -desde las ventas hasta la construcción- participan del repunte. A partir de abril la confianza de los constructores aumenta sin interrupción, y en septiembre alcanzó su valor más elevado desde junio de 2006. Los tres componentes del índice HMI aquilatan avances (con especial énfasis en las condiciones actuales de las ventas y en los prospectos para los próximos seis meses). La recuperación tiene un largo camino por recorrer y no pocos obstáculos. Uno de ellos: la aspereza de las condiciones crediticias, que dejan afuera de los negocios tanto a compradores como a pequeñas compañías desarrolladoras (con planes de inversión sobre todo en el segmento de unidades multifamiliares, en auge por la resurrección del mercado de alquileres). Aquí el QE3 calza a medida. No en vano se lo diseñó con base en compras de bonos hipotecarios y no del Tesoro. De acuerdo con Bankrate, la tasa de las hipotecas convencionales a 30 años, la semana pasada clavó un nuevo mínimo: el 3,41%.

¿Qué fuerza prevalecerá? Si Wall Street pudo hacerles frente a las inclemencias de la actividad económica y de Europa durante todo el año y logró levantarse después del chubasco de mayo y rebasar sus antiguos récords post Lehman, una cosa es cierta: no padece un déficit de templanza. ¿Qué sentido tendría rendirse ahora que la Fed (y el BCE y el Banco de Japón) le ofrecen llevarlo a remolque? Está claro el motivo de la invitación: existe el riesgo de otro atasco. Y si los mercados financieros no acompañan, mal podrá zafar la economía real. Pero antes que rechazar el convite del QE3, bien vale la pena ensayar el paseo.

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