20 de febrero 2009 - 00:00

Quedan 500 cristianos en Irak de los 25.000 que había con Sadam

Hillary Clinton, la flamante secretaria de Estado norteamericana, acaba de visitar Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, en el marco de su primera gira internacional. Es una nueva señal de distensión tras los recientes dichos del presidente Barack Obama: «Mi trabajo es comunicar al pueblo musulmán que los estadounidenses no somos sus enemigos». Mensaje clave para una región donde las tensiones geopolíticas se ven frecuentemente agravadas por factores étnicos y confesionales.
Pero existe un aspecto de estas tensiones del cual no se habla: el incremento de la persecución a las minorías cristianas en muchos países asiáticos, en algunos casos con riesgo de extinción. Indonesia, precisamente, fue uno de los primeros países en vivir, a comienzos del nuevo siglo, horrorosas violencias -conversiones, circuncisión e infibulaciones forzosas- contra católicos de las islas Molucas por parte de musulmanes. Este drama tuvo su pico en 2001, con un saldo de 8.000 asesinatos, pero las tensiones no han desaparecido y la violencia estalla de tanto en tanto.
En febrero de 2003, el diario español El Mundo anunció que, de desencadenarse una nueva guerra en Irak, «la Iglesia Católica podría desaparecer y con ella siglos de historia, cultura y religión». Seis años después, la profecía está casi cumplida: la minoría cristiana de Irak, que representaba el 3% de la población en 2003, hoy está reducida a un 1%, expulsada por la fuerza de esas tierras bíblicas, donde estuvo presente por casi dos mil años.
Entre los muchos dramas que desencadenó la ocupación militar estadounidense, uno es el fin de la tolerancia. En Mosul, la tercera ciudad del país, había 25.000 cristianos en tiempos de Sadam Husein. Hoy son apenas 500. El obispo de la ciudad, Paulos Fraj Rahho, fue secuestrado y asesinado. El arzobispo caldeo de Kirkuk, Louis Sako, viajó el mes pasado a Roma para pedir ayuda al Vaticano y expresar su temor de un retiro apresurado de las tropas estadounidenses desate una guerra civil.
Informe
Pero Irak no es el único país donde los cristianos viven en peligro. La Comisión Justicia y Paz de la Iglesia Católica de Francia y la Federación Protestante de ese país acaban de presentar un informe sobre las discriminaciones anticristianas, no exhaustivo, basado en siete países -China, India, Pakistán, Vietnam, Irán, Sudán, Nigeria-. La conclusión es que hay un agravamiento de la persecución anticristiana y que el derecho a la libertad de culto es uno de los más violados cotidianamente en el mundo.
El informe diferencia los actos que son responsabilidad de los Estados -caso de Irán o China- de la persecución que practican grupos extremistas como el Jamaat-e-Islami (fundamentalistas sunitas) en Pakistán o el cuerpo nacional de voluntarios hindúes en la India, donde decenas de miles de cristianos fueron obligados a huir de sus casas del distrito de Kandhamal hace un año y aún viven refugiados en campamentos.
Tan chocante como estas violencias es la indiferencia de los países en los cuales el cristianismo es mayoritario. Como dicen los obispos iraquíes, hay un «silencio ensordecedor» sobre este tema. Acostumbrada a ser la religión mayoritaria y, en general, blanco de las críticas de muchas buenas conciencias del mundo occidental preocupadas por los derechos de las minorías, a la Iglesia cristiana en general y a la Católica en particular, le cuesta presentarse como víctima.
Vittorio Messori, uno de los biógrafos de Juan Pablo II, afirma incluso que católico «es una categoría no protegida por lo políticamente correcto».
Siempre listos para fotografiarse con el Dalai Lama, líder espiritual de los tibetanos, los influyentes del mundo occidental eligen no saber que muchas iglesias católicas y protestantes son clandestinas en Asia.
En el caso de los gobiernos, están en juego razones de Estado. Pero frecuentemente son las propias autoridades eclesiásticas las que evitan hablar en voz demasiado alta de este tema, por temor a que una muy secularizada sociedad las señale como corporativas o hasta las acuse de alimentar odios religiosos.

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