En el interior, ese tironeo político entre oficialismo y oposición se traduce en millonarias retenciones en los envíos de coparticipación, que castigan a provincias propias y ajenas y que se dan de la mano de la ostensible demora por parte de Balcarce 50 de la firma de los estratégicos Programas de Asistencia Financiera (PAF), que año a año echan paños fríos a los vencimientos de deuda locales.
Según un informe de la consultora Economía & Regiones, la deuda provincial total suma $ 101.167 millones, y tiene al Estado nacional como principal acreedor (68% del total).
Precisamente, anualmente el Palacio de Hacienda derrama asistencia financiera para que los mandatarios más urgidos puedan hacer frente a los agobiantes vencimientos de deuda. Tradicionalmente, febrero es el mes en el que arranca el calendario de rúbricas, pero hoy todos los trámites están trabados en la frase más temida. «Falta la decisión política de la Presidente», se repite en los despachos nacionales.
Al no cerrarse esos acuerdos, el Gobierno nacional descuenta del goteo diario de la coparticipación el monto del vencimiento en cuestión. Y hace imprevisible la tarea de los ministros de Hacienda de las provincias, que contaban con esos recursos y ahora deben hacer malabares para cubrir el bache financiero.
Ello, pese a las mejoras en las remesas de coparticipación que se perciben en los últimos meses, que sin embargo ni se acercan a los niveles de crecimiento previos a la crisis de 2001.
En rigor, la instantánea que hoy sufren los gobernadores se da en línea con las advertencias -en voz alta o por lo bajo- de Cristina de Kirchner y de sus ministros respecto de que las provincias serán las más perjudicadas si a Nación le atan las manos, al no permitirle pagar deuda con reservas del Banco Central y al pretender quitarle -a favor de las provincias- la cosecha de alrededor de $ 7.500 millones en la percepción del impuesto al cheque.
Es un juego de presión sobre la embestida opositora, pero que se apoya en las espaldas de los gobernadores. (Se habló incluso de la posibilidad de que desaparezcan los PAF si el kirchnerismo sufre un traspié con el cheque.)
Los alineamientos con Balcarce 50 vuelven además a incomodar a los mandatarios kirchneristas, esta vez poniéndolos en la posición límite de pedirles a sus legisladores nacionales que se opongan a que se amplíe el reparto de lo percibido por el cheque cuando, en rigor, toda lluvia de recursos adicional sería bienvenida, al menos hasta tanto se concrete la más lejana discusión en torno a una reforma integral de la ley de coparticipación federal (más allá de las promesas de Néstor Kirchner).
En línea con el intento de la Casa Rosada de frenar la discusión por el cheque, las provincias grandes que sintonizan con la Presidente argumentan que un mayor reparto de ese tributo profundizará las desigualdades de la coparticipación secundaria. Pero, por caso, según un informe de la consultora Abeceb.com, una potencial coparticipación del total de lo recaudado por ese impuesto permitiría cubrir el 45% del déficit bonaerense, con los $ 1.854 millones adicionales que recibiría la provincia que gobierna el justicialista Daniel Scioli.
Veamos algunas postales que grafican la honda preocupación de los caciques provinciales:
El flamante gobernador necesita imperiosamente de una ayuda nacional extraordinaria y debe penar este mes con descuentos de coparticipación inesperados, que lo ponen al borde de la emisión de cuasi monedas. Mediante cartas documento a la Secretaría de Hacienda nacional y al Banco Nación, al menos logró que ayer se frenaran las retenciones, que él considera inexplicables.
Al menos, en las últimas horas recibió un adelanto de coparticipación de $ 40 millones, en el marco del desembarco hoy de Cristina de Kirchner en la provincia.



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