Padecen, los mandatarios con aquellos ghostwriters mal informados o incultos. Inducen erróneamente y, en el caso de Cristina de Kirchner, han comenzado a construirle un manual de desaciertos. En Mar del Plata, al cambiar el nombre de un militar por el de un música (Ástor Piazzolla), le hicieron decir que era la primera vez que un aeropuerto en el país era bautizado con un artista. Con un civil. Desatinada mención, ya que el aeropuerto de Viedma lleva el nombre de Antoine Saint-Exupery ("El principiot"), el de Mendoza se nomina Santiago Germano (un acróbata del aire con Carola Lorenzini), mientras hay civilices en Jujuy (Horacio Guzmán), en Corrientes (Piragine Niveyro) o el de Córdoba (Ambrosio Taravella).
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