Quinquela tendrá su monumento en la Boca

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Mañana a las 12, en el Murallón Paseo Diputado Nacional Carlos Bello, a la altura de Pedro de Mendoza 1853, la Boca, se descubrirá el monumento a Benito Quinquela Martín al cumplirse 120 años de su nacimiento. Su autor, Antonio Oriana, escultor de vastísima trayectoria y con importante obra pública, lo ha llevado al bronce y lo muestra desde más de 4,3 m. de altura con su mirada pensativa, su uniforme de trabajo y su espátula que lo identifica como el constructor de las principales obras del barrio de sus afanes.

La base, en granito sierra chico, ostenta importantes frases que definen al hombre a imitar, desinteresado, apasionado, generoso que ha dejado un valioso legado. Auspiciado y financiado por Industrias Culturales Argentinas, constituye un homenaje al hombre que ha luchado toda su vida, ingresando a la categoría

de «imprescindible» según la frase de Bertolt Brecht.

Quinquela luchó contra dificultades, enfermedades, la miseria, los mediocres, la burocracia, la torpeza del Estado, el escepticismo. Walter Santoro, Director de Industrias Culturales y del Museo Maguncia, artífice de este proyecto, señala en el prólogo del libro especialmente editado sobre la vida del maestro que «Quinquela representa un ejemplo de lo que es un artista elevado».

Nacido en 1899 y fallecido en 1977, Quinquela no encaja en ningún estilo de la época, es inclasificable, pero a través del tiempo puede insertárselo entre los artistas que hacían una glorificación romántica del trabajo, admiraban el desarrollo y el empuje de la civilización industrial, como puede constatarse en sus cuadros con chimeneas humeantes, con rojos atardeceres o mañanas neblinosas.

La actividad febril de La Boca, su exultante color, los barcos abandonados, el fuego de los hornos reflejándose en el Riachuelo, ya no existe. Quizás, en el recuerdo vago del relato de los antepasados transmitido a los actuales descendientes. Entonces, ¿cómo ver hoy la obra de Quinquela? Simplemente como la de un artista que usó un lenguaje plástico violento, un cromatismo atrevido, un empaste táctil, fundamentalmente como la de un enamorado del mundo que lo rodeó, traductor de la simbología boquense, parte de nuestro mito ciuda

La escultura de Oriana refleja su humanismo y exalta la figura del filántropo. «¿Por qué sueño mis puertos de la Boca?» Con aire filosófico y dejo melancólico solía decir: «Porque los tengo metidos dentro de mí». Acompañando el acto, en el Museo Maguncia de Papel y Grabado, Pedro de Mendoza 1855, se exhibirán dos murales en cerámica, objetos inéditos, fotos y 48 aguafuertes.

Catalina Parra

«¡Ah, si yo supiera/pero no sé nada/cuál es tu destino/Catalina Parra!» Es parte de un poema de Nicanor Parra, palabras amorosas de un padre a su hija nacida en Santiago de Chile en 1940 y que en 1968 partió a Alemania hasta su regreso a Chile en 1973. Desde 1968 vive en Nueva York y entre 2000 y 2009 fue Agregada Cultural de Chile en la Argentina, período cuyo testimonio está expuesto en Galería Arcimboldo. Son estampas de su deambular por nuestro país y especialmente nuestra ciudad a través del collage, técnica que la deslumbró cuando en 1969 vio una importante exposición en Basilea.

Desde entonces utiliza material impreso de revistas, diarios, fotocopias, sus propios dibujos y a los que actualmente ha incorporado placas radiográficas. Catalina Parra vivió muchos conflictos en los años pasados en Buenos Aires, movilizaciones piqueteras, cortes de calles y rutas, el incendio de Cromañon, paros, el incremento de la pobreza y la marginación, el equívoco manejo del enfrentamiento con el campo que se suman a sus propias experiencias como a las de su familia vividas bajo la dictadura pinochetista.

Mapas con suturas y cicatrices, textos de pancartas de reclamos en la vía públicas, frases que actúan como desesperado pedido de auxilio, «Nadie Nos Ampara», cuerpos anónimos que duermen a la intemperie y que forman parte del paisaje cotidiano de una urbe generalmente indiferente y la angustiosa presencia de la placa radiográfica para develar hasta dónde puede llegar nuestra precaria existencia así como lo que nos rodea que Parra utiliza sin acudir al panfleto. Fragmentos que quizás alguna vez se unirán, cicatrices que alguna vez se cerrarán, en fin, testimonios silenciosos de esta realidad a la que contribuimos gracias a nuestra anomia.

El destino de Catalina Parra no importa dónde se encuentre: compromiso que expresa a través del arte. Clausura el 15 de abril. Reconquista 761. Lunes a viernes de 15 a 19. Sábado de 11 a 13.

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