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Randazzo, estrella ocasional de la volátil cosmogonía cristinista
Florencio Randazzo, ministro de Interior y Transporte, ayer durante un acto junto a Cristina de Kirchner y Daniel Scioli. La Presidente anunció inversiones ferroviarias, rubro sobre el que Randazzo apoya su plan 2015.
El ministro, entrenado en los cuarteles del PJ bonaerense, reluce entre los postulantes top del la cosmogonía K, cómodamente por encima de Sergio Urribarri o Jorge Capitanich, pero lejos de Daniel Scioli, a quien la Presidente ayer -en Caseros, en el show donde presentó vagones para el San Martín- sentó a su izquierda. A Randazzo le reservó el lado derecho. Una picardía, quizá, de Oscar Parrilli.
"Manzanito"
Multirreelecto legislador bonaerense en tiempos del encarnizado duelo entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, Randazzo fue "descubierto" por Néstor Kirchner en 2004 cuando era ministro de Felipe Solá.
-Miralo al pibe, es un "Manzanito" -sugirió Solá en referencia al exdirigente, ahora empresario multirrubro mendocino, José Luis Manzano.
-Es bueno, pero Manzano hubo uno solo -dijo Kirchner.
Al poco tiempo, Randazzo reportaba más a Olivos que a Solá, su jefe institucional, y pivoteaba para quebrar el pacto Kirchner-Duhalde. Dos años después, terminó como ministro del Interior de Cristina de Kirchner. Fue un premio explícito de Néstor a uno de sus más eficaces espadones bonaerenses.
El último verano, Randazzo se metió en la grilla de aspirantes a suceder a la Presidente y le puso título a esa aventura: el éxito de la gestión ferroviaria. Antes, mientras otros caciquejos del PJ comían achuras recocidas en el quincho de Matheu 130 y se repartían casilleros en la interna peronista, el chivilcoyano -gentilicio de los "hijos" de Chivilcoy, el pago chico del ministro- firmaba contratos y pagarés en China para una compra monumental de trenes.
En los seis años como ministro K, silvestre y líbero, Randazzo fue y vino, entre fascinaciones -en Casa Rosada cuentan que en esos tiempos, Cristina de Kirchner lo llamaba "Florin", derivación de "Floro", su apodo más habitual en la política, al margen del genérico "Flaco"- y lejanías con la Presidente. En las épocas densas, Carlos Zannini operó como su protector. De los ultra-K (a excepción de una antigua relación personal y azarosa con Eduardo "Wado" de Pedro), el "Chino" cordobés es el mejor aliado K del ministro de Chivilcoy.
En Casa Rosada, los que lo desprecian y los que defienden -los primeros parecen más que los segundos- asumen que en la actualidad Randazzo es el ministro con mejor imagen y quien tiene, según la instantánea de estos meses, más proyección electoral.
Mágica, la estadística dulce de las encuestas bajó la intensidad de la sospecha del hipercristinismo y moderó el recelo del PJ, que lo ve como a un hijo pródigo que reniega u oculta su linaje. Fernando Espinoza, jefe del peronismo de Buenos Aires, lo manda a llamar cada tanto. "Tiene que venir. ¿Por qué no viene al PJ? Díganle que venga al partido", primero reclama y después suplica el matancero.
Un mes atrás, Randazzo mudó a dos intendentes de su tribu, Jorge "Oso" Rodríguez Erneta y Aníbal Pitelli, para potenciar el scrum de promotores de su candidatura. Forma parte de un plan operativo. Las "bajadas" de gestión al territorio tienen una obligada parada política que prevé una charla o cena con el cacique local. "'Floro' juega sí o sí para presidente", repite, como un mantra, un viejo aliado que circula, susurrante, en el PJ con la intención de apagar un rumor persistente según el cual Randazzo pactó con Scioli para, más adelante, bajarse de la carrera presidencial y bajar a la pulseada bonaerense.
"Focus"
Sin embargo, el ministro de Interior es el candidato del dispositivo oficial más incómodo para Scioli. Los "focus group" lo muestran como el K más parecido al gobernador que interpela al mismo nicho electoral. Su figura se potenció con el DNI, el pasaporte y ahora los trenes por contraste en un gabinete que no registra, personalizado en los ministros, hitos de gestión.
Una mirada perniciosa, extendida entre dirigentes K, explora la supuesta encerrona de Cristina de Kirchner con Randazzo. "Hace su campaña con los recursos del Gobierno, pero se muestra distinto. Y Cristina no puede sacárselo de encima porque, si lo echa, lo victimiza y lo potencia", analiza un operador entrenado que desliza, mañoso, la hipótesis más temida: que un Randazzo expulsado del gabinete sume su proyección con la de Sergio Massa.
El "Manzanito", según la definición que alguna vez deslizó Solá a modo de elogio, se instaló en el radar. El miércoles próximo, José Luis Gioja lo recibirá en San Juan para inaugurar una escuela de formación de Gestar. El finísimo hilo de azar todo lo une: Gestar está operado por Mauricio Mazzón, heredero del shogunato que inició Juan Carlos, "Chueco", quien fue mentor de Manzano. A Gioja, capataz de Gestar, el show le sirve para demarcarse del hipersciolismo.
Randazzo, aun sin media palabra de Cristina de Kirchner, ocupa el trono volátil de bendecido K que a fines de 2013 rellenó Capitanich cuando juró como jefe de Gabinete y en marzo calentó Urribarri de la mano de Julio De Vido. Y al igual que Scioli, Randazzo rastrea un equilibrio sutil para que el aura de la Presidente sea más beneficioso que perjudicial.


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