- ámbito
- Edición Impresa
Reacción bienvenida: ahora juega la diplomacia
Angela Merkel
En cuanto a la aceptación por parte de la Corte Suprema de EE.UU. del caso Elliot, está claro que la Argentina no sólo deberá encomendarse a Dios, sino tratar de influir de la mayor manera posible en conseguir el apoyo de otros organismos, como el Fondo Monetario, o países, como ya lo ha hecho Francia, ya que la Justicia norteamericana pretende justificar su atropello de una manera burda e insultante, queriendo instalar que el fallo no sienta precedente ya que se trata de un deudor recalcitrante.
No se necesita ser un especialista en leyes para comprender la liviandad de este argumento, difícilmente homologable en una futura reestructuración, cualquiera sea el país que la afronte. Es peculiar también la interpretación de los poderosos con respecto a quiénes son los culpables de un default. Mientras cada vez que un país de los mercados emergentes entraba en default era el deudor el gran culpable que se aprovechaba de los pobres e inocentes bonistas, esta definición pareció revertirse 180 grados cuando el país que entraba en bancarrota no era otro que un país perteneciente a la eurozona. Me refiero a Grecia. En este caso, fue Alemania, juntamente con el FMI, los que cargaron contra los irresponsables bonistas por haberle prestado plata a Grecia. Angela Merkel se rehusó a ayudar a Grecia a menos que los bonistas aceptaran la quita que ella misma sugería, y que constituía la mayor quita de la historia, incluida la argentina. Es curioso cómo cuando eran las potencias las que debían pagar la cuenta, los culpables pasaban a ser los mismos pobres bonistas que nada habían tenido que ver con nuestro default unos pocos años antes. Digamos que a los ojos de las potencias del mundo, la Argentina estafó a un montón de bonistas, que en represalia quisieron estafar a Grecia prestándole plata, ¡pero que por suerte ellos los descubrieron y los reprendieron con la quita que se merecían! Por patético que esto resulte, la Argentina no debe olvidarse de la regla de oro: quien es dueño del oro, hace las reglas. Por ello es que bienvenida la reacción del Gobierno ayer. Es hora de que la diplomacia empiece a jugar su juego también si queremos no depender sólo de Dios.
(*) Director de Axis Inversiones.


Dejá tu comentario