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Reapareció Sobisch, pero no conmovió
Ex gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch.
Es que la crisis petrolera de principios de este año incidió fuertemente en el cobro de las regalías, lo que repercutió en el juego distribucionista de un gobierno del MPN. Sobre ese eje intentó cabalgar el ex gobernador mostrando números favorables a su gestión e hincando el colmillo en las partes dolientes de esta administración de Sapag: presunta liviandad en las negociaciones con gremios estatales que le habría costado unos 2.200 millones de pesos al Tesoro provincial o su supuesta falta de carácter para reclamarle a la Nación los recursos que tanto Sobisch como el cobista Horacio Quiroga -su principal adversario fuera del MPN- le reprochan y que llegan a casi un presupuesto y medio de la provincia.
En ese escenario debe leerse la aparición de Sobisch. No dijo nada nuevo a lo que sostenía como gobernador y repite ahora. En su defensa los sapagistas le apuntan que durante su gestión tuvo un barril de crudo a u$s 142 que tiñó de un festival de gasto a la economía provincial y que -pese a ello- dejó las cuentas en rojo.
El resto aún falta definirse: los peronistas pelearán entre el kirchnerista Oscar Parrilli y dasnevista Sergio Rodríguez quién se queda con el partido, y la izquierda trata de buscar un candidato común en el abogado de los sindicatos estatales Mariano Mansilla. Claro que no es gratuito el apoyo de Sapag a los Kirchner: la construcción de la represa más importante del país -Chihuidos I, con una base de 1.500 millones de dólares- y los nuevos precios para el petróleo y el gas son los dos ejes fundamentales en los que hará jugar Sapag su «federalismo de coordinación» a través de los diputados y senadores nacionales que se le reportan: de los tres miembros de la Cámara baja -José Brillo, Alicia Comelli y Olga Guzmán, dos (mujeres) se alinean sin condicionamientos, mientras que el senador Horacio Lores es un hombre de su propio riñón.
Según como devengue esta antinomia, se podrá ver hacia dónde pone la proa el gobernador, a quien el implacable paso del tiempo lo obligará a profundizar su alianza con el matrimonio presidencial o a rever este «federalismo de coordinación», buscando refugio en su propio partido, aunque para ello tenga que acordar con Sobisch. El descarnado electorado local no suele perdonar fracasos económicos; sí, los de tipo político. Y en ello, Sapag juega su propia reelección.


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