26 de enero 2017 - 00:00

Reescribir la historia

 Una vez más el diario La Nación desconoce los enormes avances logrados en el país entre 2003 y 2015, en este caso en materia de agua y saneamiento. El mismo medio que defendió, a través de renombrados editorialistas la ruinosa gestión privada de Aguas Argentinas, que había dejado en el desamparo a miles y miles de compatriotas.

El artículo, titulado "Agua potable y cloacas, el eje de un plan oficial de $20.000 millones" detalla las acciones que está llevando adelante el Gobierno de Macri tras lo que califica como "décadas de abandono", sin la menor mención a los casi 9 millones de argentinos que accedieron al agua potable y los casi 10 millones a las cloacas durante nuestra gestión, que fue reconocida incluso por el Observatorio Social de la UCA, fuente de consulta permanente para el diario.

No es nuestro afán criticar el proyecto oficial, cuyos detalles no conocemos en profundidad, pero sí deben explicitarse los avances de los últimos 12 años, partiendo de una grave situación heredada en 2003, producto de las mismas políticas neoliberales que se están aplicando ahora.

En 2003 la cobertura de la red de agua potable alcanzaba al 80,5 por ciento de la población mientras que en 2015 superó el 90 por ciento, lo mismo la de cloacas que pasó del 47,2 por ciento al 62,5 por ciento, con casos paradigmáticos como La Matanza, donde casi un millón de personas accedieron al agua potable y 320 mil a las cloacas.

Estos resultados fueron posibles por la voluntad y decisión de Néstor y Cristina de que el Estado debía volver a planificar, invertir y llegado el caso asumir la gestión de agua y saneamiento ante los flagrantes incumplimientos del concesionario que llevaron a la creación de AYSA en 2006.

En 12 años se ejecutó el mayor Plan de Obras Públicas de toda la historia con una inversión acumulada de 107.825 millones de dólares. Una inversión 6 veces mayor a lo invertido en el período 1900-2002 y muy por encima de lo ejecutado y presupuestado al momento por el Gobierno de Macri. Más de 11 mil millones de dólares se destinaron a extender el acceso al agua corriente y los servicios cloacales.

El artículo también brinda una serie de datos de Chile y Uruguay con los que a priori es difícil establecer comparaciones por la diferente extensión territorial y poblacional de nuestro país. Lo cierto es que la inversión pública per cápita fue durante nuestra gestión una de los mayores de la región según datos de la CEPAL (258 dólares) superando a Brasil (155 dólares). De la misma manera, el propio organismo reconoce que la inversión anual en infraestructura aumentó 57 veces entre 2002 y 2014 (de 255 a 14.862 millones de dólares).

En 2003 no había ninguna obra en ejecución, licitación o siquiera un esbozo de proyecto, un estado de total abandono que no se limitaba al agua y el saneamiento sino que se replicaba en cada una de las áreas. Las políticas neoliberales habían llevado a renunciar al rol del Estado como planificador.

El 21 de marzo de 2006 el Estado Nacional tuvo que hacerse cargo del servicio de agua y cloacas en el área metropolitana creando la empresa AYSA porque el servicio y la empresa estaban quebrados. El Concesionario tenía como meta ejecutar las obras necesarias para extender y mejorar la prestación después del año 2020, a sabiendas de que la concesión vencía en 2023. Asimismo en determinadas regiones recomendaba no ingerir el agua a embarazadas y bebés menores a 6 meses por la presencia de nitratos.

Gracias a esa estratégica decisión, AYSA incorporó desde el año 2006 a 2.500.000 habitantes al agua potable y a 2.000.000 habitantes al servicio de cloaca, representando incrementos del 34 por ciento en la población abastecida con agua potable y 37 por ciento con cloacas. Siempre con tarifas populares.

Para ello se llevaron adelante obras de gran envergadura como la planta potabilizadora Juan Manuel de Rosas en Tigre y la de tratamiento de líquidos cloacales de Berazategui, la mayor de Sudamérica, que sirve a 4 millones de personas. Curioso que ahora el diario La Nación descubra que una parte de los desechos de los porteños se arroja al río sin tratar. Desde 1912 los llevaron a las costas de Berazategui sin importar la vida y la salud de sus vecinos.

Otras obras para destacar son la planta potabilizadora Virrey del Pino, el Acueducto Los Cedros-Virrey del Pino, la ampliación de la Planta Depuradora de Líquidos Cloacales "Sudoeste" en Aldo Bonzi; la Planta Potabilizadora de Glew; la repotenciación del Sistema de Agua Potable "9 de Abril-Lomas de Zamora, la repotenciación del Sistema de Agua Potable "Devoto-San Martín", la ampliación de las cloacas de Quilmes e Ituzaingó y las obras en la depuradora Norte.

De la misma manera, con sentido federal se llevaron adelante obras en todo el país, como el emisario submarino de Mar del Plata, ampliación de agua potable en El Cadillal (Tucumán), planta potabilizadora en Formosa y Jujuy, depuradoras en Cañuelas y Marcos Paz, plan de desagües cloacales en San Juan, La Rioja, Tucumán y acueductos en Lagos Musters y Chaco.

Basta ver los números para comprender la magnitud de lo realizado: 4.880 obras hídricas, de saneamiento, agua potable y cloacas; 20.000 kilómetros de cañería de agua y 25.000 kilómetros de desagües cloacales.

Con estas obras no sólo se comenzó a reparar una deuda de décadas sino que mejoró la salud de la población, en particular de las más vulnerable: los casos de hepatitis cayeron de 60.000 a menos de 300 por año; los de diarrea infantil se redujeron un 70 por ciento en los barrios dotados con agua y la mortalidad infantil descendió un 35 por ciento.

Con todo ello resulta evidente que se avanzó mucho y que lo que faltaba, para que todos los argentinos cuenten con los servicios básicos, que era mucho menos que en 2003, iba a alcanzarse continuando por este sendero y no con tarifazos al agua, única política concreta que ha desarrollado este Gobierno en la materia durante su primer año.

Al igual que ocurrió con el primer peronismo, por más esfuerzos que hagan para reescribir la historia, la verdad brotará y el paso del tiempo no hará más que engrandecer lo que se logró en 12 años para construir una patria más justa, con más inclusión y oportunidades.

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