2 de diciembre 2009 - 00:00

REFLOTA KIRCHNER LA AMENAZA DESTITUYENTE

«Si la oposición busca ir sumando actos para la desestabilización del proceso democrático, que lo haga ahora en diciembre y no espere más», dijo ayer el diputado Carlos Kunkel, después de una reunión con Néstor Kirchner en la residencia de Olivos. El legislador, que suele expresar las opiniones del ex presidente y jefe del oficialismo, dijo que la posición de ese sector en la sesión de mañana, en la cual se elegirán las autoridades de la Cámara de Diputados, será votar, con los votos que tenga, la lista propia de presidente, vicepresidente del cuerpo y de titulares de las principales comisiones.

«No vamos a negociar nada con nadie. Si la oposición se junta toda y logra los votos para poner autoridades de Cámara y de las ocho o diez comisiones clave de Cámara, que se atengan a las consecuencias», agregó Kunkel en diálogo con este diario. «El Gobierno tendrá que habilitar las herramientas institucionales para asegurar la gobernabilidad, porque, en ese caso, la oposición habrá quebrado todos los códigos de convivencia».

No explicó Kunkel a qué se refería con esta frase, que encierra toda una estrategia de resistir desde el Poder Ejecutivo a una eventual -e improbable por lo que se conoce hasta ahora- captura de la presidencia de las cámaras por parte de la oposición. Ya Agustín Rossi reivindicó, si eso ocurriera, la institución del veto, especialmente si la nueva integración de las cámaras revierte el sistema de retenciones vigentes, los superpoderes, la ley de medios, la reforma política o la contrarreforma del Consejo de la Magistratura, que son las perlas de la corona kirchnerista.

Kunkel describió así la estrategia dictada por Kirchner de no negociar con bloques de la oposición los cargos de conducción de la Cámara, en la cual el Frente para la Victoria es primera minoría. Hasta anoche no se había logrado del lado de la oposición un acuerdo para nombrar un presidente que los represente a todos. La principal oposición al plan de captura de la presidencia de la Cámara es la de Elisa Carrió, quien le ha atribuido hasta ahora al peronismo disidente la intención de quitarle al kirchnerismo la presidencia de la Cámara para lograr una extrema debilidad del partido de gobierno en el Congreso. Eso, ha dicho Carrió, es una estrategia maximalista dictada por Eduardo Duhalde que cree se parece demasiado a lo que ese sector hizo sobre el Gobierno de Fernando de la Rúa cuando eligió al peronista Ramón Puerta como presidente provisional del Senado.

Esta argumentación de Carrió la recoge ahora Kirchner para retomar su denuncia de un intento desestabilizador en la oposición, algo que ya usó el año pasado en la pelea que libró, con poca suerte, contra los representantes del campo. En aquel momento puso en circulación la calificación de «destituyente» en actos y expresiones de la Mesa de Enlace y de algunos dirigentes de la oposición. Este año, en ocasión de las elecciones del 28 de junio y cuando defendió la nueva ley de medios audiovisuales, generalizó Kirchner la acusación de «destituyente» a cualquier gesto opositor.

Concepto reflotado

El concepto parecía ya vacío de contenido cuando lo reflotó Carrió y se diferenció del resto de los opositores del nuevo Congreso al rechazar el plan de los peronistas disidentes y de los radicales de desplazar al kirchnerismo de los cargos de conducción del Senado y Diputados degradando a José Pampuro y a Eduardo Fellner. Nada le vino mejor a Kirchner que esta postura de la jefa de la Coalición Cívica, aunque por razones distintas.

1. Los peronistas disidentes querrían -aunque nunca lo confesarán en público- que los Kirchner terminasen su mandato desangrados o forzados a un adelantamiento en la entrega del Gobierno. Basta con atender a lo que se dice a puertas cerradas por boca de los voceros de Eduardo Duhalde.

2. Kirchner querría que el público crea que el Gobierno puede caer por presuntos intentos «destituyentes» para erigirse en garantía de estabilidad. Le cuesta mucho al ex presidente aportar constancias o pruebas de que haya alguna maniobra desestabilizante del Gobierno. Pero conoce la idiosincracia del peronismo: si su sector perdiera la conducción de las cámaras los que reaccionarían con actos desestabilizantes serían los propios peronistas, que protagonizarían una corrida masiva hacia la oposición al ver al kirchnerismo en estado de extrema debilidad.

3. Carrió tiene otra visión: ella cree en serio que puede haber una salida anticipada del matrimonio del Gobierno. Entiende que el Gobierno ya está en un grado de extrema debilidad, que el peronismo disidente puede golpear fuerte como lo hizo el duhaldismo, en sociedad con un sector de la UCR, en 2001 contra De la Rúa. Lo último que ella querría es estar cerca de esa explosión y, mucho menos, que le adjudicasen alguna participación en esa movida. Cree además que hay un plan eventual de los Kirchner para un adelantamiento de las elecciones al amparo de sus acusaciones de desestabilización. Cuando el oficialismo cursó el proyecto de reforma electoral al Congreso Carrió se preguntó en público: ¿para qué elección es esta reforma? y remató: si ya adelantó las elecciones de 2009, ¿por qué no va a adelantar las de 2011 en su beneficio?

La posición de Kirchner de mandar a los suyos a no negociar no debe extrañar; nunca ha negociado nada en público y se ha dedicado a deslegitimar cualquier foro de discusión de políticas, entre ellos el Congreso. Al punto de que hay quienes dudan de que llegue a cumplir el mandato de diputado nacional que jurará mañana por su resistencia a la ecología de un cuerpo cuya mandato es la negociación. Como en la inolvidable peña en el PJ cuando ardía la guerra contra el campo el año pasado, Kirchner vuelve a decir: «Prefiero perder».