Régimen chino prepara mano dura para atajar creciente crisis social

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Pekín - Tres décadas después del inicio de la política de reforma y apertura, China se encuentra en un punto de inflexión: la crisis financiera global puso fin de modo abrupto al «milagro económico» chino.
Se estima que la cantidad de personas que buscan trabajo podría superar los 40 millones, al sumar los trabajadores temporarios despedidos, los desempleados en las ciudades y los jóvenes egresados universitarios y escolares que pretenden insertarse en el mercado laboral.
Los líderes comunistas temen disturbios sociales, justo un año en el que se celebran aniversarios delicados, que representan motivos de conflictos políticos adicionales.
Cuando los alrededor de 3.000 delegados del Congreso Nacional del Pueblo se reúnan hoy en la Gran Sala del Pueblo en Pekín, escucharán mucho sobre los problemas, pero se llevarán pocas soluciones.
La pregunta clave es: ¿cómo se podrá convencer a los chinos de que gasten más dinero en momentos en que hay tanta inseguridad?
Todos parecen estar de acuerdo en que sólo un estímulo del consumo interno podrá amortiguar la caída masiva de las exportaciones a Estados Unidos o a Europa.
El Gobierno ve en el ámbito rural «el mayor potencial» para aumentar la demanda. Sin embargo, más de 20 millones de trabajadores temporarios perdieron su empleo. Sin sus ingresos, se pierde una importante fuente de dinero para las familias campesinas, que sin una red social prefieren ahorrar su dinero. Tampoco es tan nueva la estrategia del Gobierno de trasladar el crecimiento del adinerado cinturón costero y su economía exportadora al interior, que demostró tener un éxito limitado ya en épocas mejores en el pasado.
En el inicio de la reunión de dos semanas, el jefe de Gobierno, Wen Jiabao, podría informar sobre un crecimiento económico del 8%. Los pesimistas esperan tal vez sólo un 5%, lo que no sería suficiente para un país emergente.
Para que el crecimiento no sea sólo algo poco palpable, también debe ser adecuada su calidad. Expertos sostienen que es necesario realizar reestructuraciones con urgencia.
En la sesión plenaria debería quedar claro, en principio, en qué sectores se implementará el programa de coyuntura anunciado por más de u$s 500.000 millones. Pero se desconoce cuándo mostrará efectos.
Que en el segundo semestre del año se pueda esperar una mejora económica no es aparentemente para nada seguro. «La segunda ola de shock de la recesión en Estados Unidos está en camino y en la segunda mitad del año podría tener potencialmente efecto también sobre China, al cerrar más fábricas, aumentar el desempleo, acumularse créditos tóxicos y surgir potenciales problemas sociales», advirtió el banco de inversión Morgan Stanley.
Que «la estabilidad social depende del desarrollo económico» es algo que sabe el miembro del Politburó responsable de la seguridad, Zhou Yongkang. Para que no escalen eventuales protestas por parte de trabajadores despedidos o que no recibieron su salario, funcionarios del Partido Comunista deberían mediar, en lugar de sofocar con violencia el descontento.
En un seminario para agentes de seguridad, el comisario de Policía Meng Jianzhu dijo que deberían proceder «de manera razonable, con calma, civilizada y adecuadamente».
Mientras, por un lado, se muestra moderación, por otro, los órganos de seguridad recibieron la orden de «sofocar en su origen» eventuales disturbios por los aniversarios que se cumplen este año y que son controvertidos del punto de vista político.
Justo durante las sesiones del Congreso del Pueblo, los tibetanos recordarán el 10 de marzo el 50º aniversario de su levantamiento contra los chinos y la huida del Dalai Lama a la India, en 1959. El año pasado se registraron los peores disturbios de los tibetanos en casi dos décadas.
Los órganos de seguridad podrían proceder de manera intransigente contra defensores de los derechos civiles y familiares de las víctimas de la represión de la revuelta estudiantil en la Plaza de Tiananmen de Pekín del 4 de junio de 1989, cuando se cumpla el vigésimo aniversario de la masacre.
Y quién sabe cuántos chinos tendrán ganas de festejar el 60º aniversario de la proclamación de la República Popular China el 1 de octubre.
Agencia DPA

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